El dinero salva vidas: la mortalidad hospitalaria por insuficiencia cardíaca se dispara en las comunidades más pobres de España

Fuente y enlace 


Introducción

El artículo presenta los resultados de una investigación —con más de 764 000 ingresos hospitalarios en 263 hospitales públicos del Sistema Nacional de Salud (España) entre 2016 y 2022— que revela cómo la mortalidad hospitalaria por Insuficiencia cardíaca varía de forma significativa entre comunidades autónomas. Concretamente, se detecta una fuerte asociación entre renta regional (PIB per cápita) y menor mortalidad hospitalaria: las comunidades con mayor renta tienen tasas de fallecimiento más bajas. Por ejemplo, la tasa era del 7,7 % en el País Vasco frente al 16,4 % en Andalucía. Además, otros factores sociales como tasa de paro, consumo de alcohol y contaminación se identifican como co‐determinantes.
Este hallazgo plantea cuestiones éticas, sociales, epistemológicas y ontológicas respecto al valor del dinero, la justicia distributiva en salud, la estructura social, y la forma de interpretar datos médicos en contexto.


Análisis filosófico

Creatividad (Henri Bergson, Alfred North Whitehead)

Desde esta perspectiva, podemos ver que la investigación ofrece una “narrativa creativa” de la salud: no se aborda sólo desde la biología clínica, sino que incorpora factores sociales y económicos como elementos constitutivos de la experiencia de la insuficiencia cardíaca. Esto se alinea con la idea de Bergson de que la realidad está en devenir, en flujo, y que la vida no es meramente mecánica. Aquí, la salud y la enfermedad emergen de la interrelación entre organismo, entorno y estructura social.
Asimismo, Whitehead subrayaría que deberíamos considerar los procesos y eventos en su carácter relacional: la hospitalización, la insuficiencia cardíaca, la renta regional, la contaminación, son más que variables aisladas; son “nodos” en un entramado de relaciones. Este artículo invita a pensar de modo creativo la salud como algo que trasciende el hospital y el cuerpo, implicando lo social, lo político, lo económico.

Disrupción o Poder (Gilles Deleuze, Michel Foucault)

Desde la óptica del poder y la disrupción, el artículo pone de relieve cómo los recursos económicos y la posición social pueden comportar una asimetría de poder frente al sistema sanitario. En la lógica foucaultiana de biopoder, el control, la normalización y el acceso a la salud son modulados por variables sociales: en las comunidades con menor renta, la tasa de mortalidad es mayor, lo que sugiere que el poder de “vivir bien” está distribuido de forma desigual.
Deleuze podría interpretar este fenómeno como una “línea de fuga” que se abre ante un sistema sanitario que tradicionalmente ve al individuo como un cuerpo‐paciente aislado, mientras que el estudio evidencia que hay multiplicidad de factores (renta, paro, contaminación) que actúan como “multiplicidades” en la salud. Se rompe la visión unidimensional clínica y emerge un conjunto de fuerzas sociales que afectan la vida hospitalaria.

Ética y Responsabilidad (Hans Jonas)

Hans Jonas nos invita a reflexionar sobre una ética de la responsabilidad hacia el futuro y hacia el otro‐menos‐privilegiado. En este caso, la desigualdad en mortalidad hospitalaria plantea una obligación ética de la sociedad y de los sistemas sanitarios: no basta con tratar la insuficiencia cardíaca, sino que hay que atender las causas estructurales que hacen que algunas comunidades estén en desventaja.
Desde esta óptica, el deber ético exige políticas sanitarias y sociales que reduzcan estas brechas, porque cada vida perdida es una forma de fracaso moral colectivo. El artículo sugiere justamente que “mejorar las condiciones sociales es tan importante como reforzar la atención hospitalaria”. En términos jonasianos, implica una “imperativa ética” de preservación de la salud de los más vulnerables, no solo de los clínicamente enfermos.

Sistemas Complejos (Niklas Luhmann, Edgar Morin)

La visión de sistemas complejos nos permite ver el fenómeno como el resultado de la interacción de múltiples subsistemas: salud, economía, empleo, educación, medio ambiente. Según Luhmann, la sociedad está compuesta por sistemas autónomos, pero en este caso vemos que la “salud” es permeable a variables del sistema económico y del sistema medioambiental. El artículo muestra cómo el sistema sanitario no opera en aislamiento sino que se inscribe en una ecología más amplia.
Morin aportaría el concepto de “pensamiento complejo”: no basta con mirar el hospital y la enfermedad, sino comprender las interconexiones. Por ejemplo, la contaminación incrementa la mortalidad (OR=1,03) y el paro incrementa mortalidad (OR=1,02). Estos datos muestran que para mejorar los resultados de salud se necesita abordar el sistema en su conjunto, no solo fragmentar políticas.
Así, el análisis revela que la salud colectiva es un problema de gobernanza de sistemas complejos, donde las variables socioeconómicas configuran la vulnerabilidad.

Tecnología, Transparencia, Autoexplotación (Byung‑Chul Han)

Desde la perspectiva de Byung‑Chul Han, se podría reflexionar sobre cómo el sistema sanitario –aunque aquí no se aborde directamente la tecnología digital– se inscribe en una lógica de rendimiento, eficacia y productividad. Las comunidades con menos renta podrían estar sometidas a mayores cargas de autoexplotación (por ejemplo, trabajos más precarios, mayor consumo de alcohol, mayor contaminación laboral), lo cual incrementa la vulnerabilidad frente a la enfermedad.
Además, la transparencia de los datos —que este estudio aporta— juega un papel clave: se muestra una verdad incómoda sobre las desigualdades sanitarias. Han enfatizaría que en la sociedad del rendimiento, el individuo se ve obligado a ser productivo, pero si el contexto socioeconómico es limitado, esa presión le pasa factura en su salud.
Por otro lado, la tecnología de gestión de datos (CNBD, INE, regresión logística multinivel) permite evidenciar la desigualdad. Pero queda la cuestión filosófica de si esos datos serán traducidos en políticas que verdaderamente remuevan la asimetría o si quedarán como una “monitorización” más que como transformación.


Identificación de oportunidades y riesgos

Oportunidades

  • El estudio abre la vía para políticas públicas que aborden de forma explícita los determinantes sociales de la salud (DDS), lo que puede mejorar la equidad sanitaria.

  • Permite que los profesionales de la salud, gestores y ciudadanos reconozcan que la renta regional no es un dato periférico sino central en la mortalidad hospitalaria.

  • Favorece una mirada integradora (como propone Morin) que conecta salud, economía, medio ambiente y empleo, y puede inspirar soluciones sistémicas.

  • Desde la ética de la responsabilidad, genera un imperativo para que los gobiernos actúen, reconociendo el valor de la vida de todas las comunidades.

Riesgos

  • Existe el riesgo de que los resultados queden en estadísticas sin que se traduzcan en cambios reales en políticas o infraestructuras; la transparencia sin acción puede generar cinismo.

  • Podría reforzarse una narrativa victimista o estigmatizante hacia comunidades pobres, al enfocarse en sus riesgos, sin dar cuenta suficiente de las estructuras que generan esas condiciones.

  • Si se enfatiza demasiado en la renta, se corre el riesgo de simplificar las causas de la mortalidad (por ejemplo, subestimando factores clínicos, aunque el estudio los reconoce).

  • Desde la perspectiva de sistemas complejos, intervenir solo en una dimensión (como aumentar el PIB) sin abordar empleo, educación, contaminación, puede generar efectos contraproducentes o insuficientes.


Conclusión

El artículo revela una intersección clara entre desigualdad económica regional y mortalidad hospitalaria por insuficiencia cardíaca en España, lo cual pone sobre la mesa tanto una llamada ética a la justicia distributiva como una invitación a pensar la salud como fenómeno complejo e interrelacionado.
La renta no es un mero dato de contexto: opera como un factor protector o de riesgo que modula la vida hospitalaria. Esto nos lleva a reconocer la importancia de políticas que no sólo operen sobre el cuerpo clínico, sino también sobre el tejido social, económico y medioambiental.
Desde una mirada filosófica, se entrelazan los temas de creatividad (al replantear la salud como red de relaciones), poder (al evidenciar desigualdades estructurales), responsabilidad ética (al exigir actuaciones), complejidad sistémica (al reconocer múltiples factores interrelacionados) y la dimensión tecnológica/transparente de los datos.
En definitiva, este estudio nos recuerda que la salud es un bien social profundamente condicionado por la estructura económica y cultural y que la justicia sanitaria exige mirar más allá del hospital.