Introducción
El artículo examina los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes a 2023 en España, mostrando que la renta media por persona es de 15.036 euros, con un crecimiento del 6,9 % respecto al año anterior. Sin embargo, persiste una marcada desigualdad territorial: mientras que un 90,9 % de los municipios del País Vasco se encuentran entre el 25 % con mayor renta, un 91,1 % de los de la Región de Murcia se ubican entre el 25 % con menor renta. Asimismo, se citan otros territorios —como Andalucía, Extremadura o Castilla‑La Mancha— con proporciones elevadas de municipios en los tramos más bajos de renta.
El artículo plantea que, a pesar del crecimiento general de la renta, «no todos los españoles se han beneficiado igual» y que «la brecha norte‑sur se mantiene».
Análisis filosófico
A continuación, aplicaré distintas perspectivas filosóficas para desentrañar los conceptos implicados en el texto (creatividad, poder/disrupción, ética/responsabilidad, sistemas complejos, tecnología/transparencia/autoexplotación).
Creatividad (en torno a Henri Bergson y Alfred North Whitehead)
Desde la óptica bergsoniana, la creatividad social puede entenderse como la capacidad de generar nuevas formas de vida colectiva o de organización económica. El artículo evidencia, sin embargo, una falta de “magia” transformadora en ciertas regiones: el simple hecho de que la renta crezca no significa que emerja una nueva dinámica que altere estructuralmente la desigualdad. En términos de Whitehead, podría decirse que los “actualidades” (los municipios) están encadenadas a formas pasadas (“prehensiones”) que impiden una diversificación creativa de posibilidades económicas.
Así, la persistencia de la brecha territorial sugiere que no se está activando plenamente esa potencia creativa de reorganización social: las regiones del norte siguen concentrando renta elevada, mientras las del sur se estancan. La desigualdad puede interpretarse como un freno a la imaginación social y a la generación de nuevas configuraciones de bienestar.
Disrupción o poder (Gilles Deleuze, Michel Foucault)
Desde la perspectiva deleuziana, podríamos ver estos datos como una línea de fuga no activada: la tendencia general al alza de la renta podría haber sido un punto de inflexión o disruptor de las relaciones de poder y riqueza, pero en realidad las estructuras existentes (centros de riqueza, periferias) se reproducen. El norte sigue siendo “centro” y el sur “periferia”.
Foucault nos invita a ver el poder no sólo como coerción, sino como redes de producción de conocimiento y normalización. En este caso, los datos del INE constituyen un saber que normativiza la realidad territorial: al clasificarse municipios “de renta alta” vs “de renta baja”, se establecen categorías que configuran políticas, subsidios, visiones de “éxito” territorial. Esa clasificación puede reforzar el poder de los territorios más ricos al legitimar su estatus, y simultáneamente estigmatizar o invisibilizar otros.
Ética y responsabilidad (Hans Jonas)
La persistencia de fuertes desigualdades territoriales plantea preguntas éticas: ¿cómo debe responder la sociedad cuando un crecimiento de renta no se distribuye equitativamente? Jonas subraya una ética de la responsabilidad hacia las generaciones futuras: aquí, si ciertos territorios quedan persistente y estructuralmente rezagados, se está comprometiendo el desarrollo equitativo del conjunto social.
La responsabilidad política se extiende a quienes diseñan políticas económicas y sociales para asegurar que el crecimiento no deje zonas sistemáticamente atrás. Éticamente, la irrelevancia de algunos territorios ante los incrementos de renta media demanda una respuesta de justicia territorial: no basta con proteger individuos, sino comunidades enteras.
Sistemas complejos (Niklas Luhmann, Edgar Morin)
Desde la teoría de sistemas de Luhmann, el conjunto de municipios forma un sistema social complejo con interdependencias múltiples: económicas, políticas, culturales, educativas. Los datos muestran que las diferencias no se corrigen automáticamente con el crecimiento global, lo que indica que el sistema tiene mecanismos de reproducción de desigualdad (feedbacks positivos) que estabilizan la brecha.
Morin subraya que en los sistemas complejos las partes no pueden entenderse sin el todo, ni el todo sin las partes. Así, la brecha norte‑sur no es simplemente un problema de rentas, sino de interacción multicausal: modelo productivo, inversión, educación, infraestructuras, dinámicas demográficas. Para intervenir eficazmente, es necesaria una mirada holística que aborde factores múltiples y sus interrelaciones.
Tecnología, transparencia, auto‑explotación (Byung‑Chul Han)
Aunque el artículo no se centra en tecnología digital, cabe reflexionar sobre cómo la transparencia estadística (los datos del INE) revelan la desigualdad, pero no garantizan su corrección. Byung‑Chul Han advoca sobre cómo la transparencia puede volverse espectáculo o autovigilancia sin transformación estructural.
Además, en un marco donde la renta crece sin que todos se beneficien, cabe preguntarse si ciertos territorios están atrapados en dinámicas de autoexploración económica o de precariedad persistente: la presión por “mejorar” renta individual no es suficiente sin una estructura que genere posibilidades reales. En regiones con renta baja, la carga individual para generar crecimiento es mayor, lo que puede desembocar en autoexplotación social: trabajar más, tener menos retorno, esforzarse en entornos poco favorecidos.
Identificación de oportunidades y riesgos
Oportunidades
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Los datos permiten visibilizar de modo claro las desigualdades territoriales, lo que es un paso necesario para diseñar políticas más dirigidas.
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El crecimiento de la renta media nacional indica que existen recursos y capacidad para avanzar; podría utilizarse como palanca para reducción de brechas.
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La estructura del informe permite mapear los territorios más vulnerables (Andalucía, Extremadura, Murcia…) y focalizar intervenciones.
Riesgos y problemas
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La brecha territorial persistente sugiere que el crecimiento económico no está actuando como mecanismo de igualdad, lo cual puede generar mayor polarización social y territorial.
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Existe el riesgo de que los datos se conviertan en fatalismo: “estos territorios siempre estarán en la parte más baja” y se legitime la desigualdad como natural.
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Las políticas que no aborden la complejidad sistémica (infraestructura, educación, empleo, demografía) pueden fracasar al centrarse solo en incrementos de renta.
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Desde la ética, el hecho de que comunidades enteras se queden atrás plantea un problema de justicia intergeneracional y territorial.
Conclusión
El análisis del artículo revela que, a pesar de un crecimiento global de la renta en España, las desigualdades territoriales —especialmente la brecha norte‑sur en renta de los hogares— persisten de forma estructural. Desde las perspectivas filosóficas de creatividad, poder, ética, sistemas complejos y tecnología/transparencia, se evidencia que este fenómeno no es simplemente un dato económico, sino un entramado de relaciones sociales, políticas y culturales que requieren una intervención integral.
La oportunidad reside en que estos datos permitan un diagnóstico más claro y políticas más dirigidas. El riesgo está en la reproducción automática de desigualdades y en que la visibilidad de la brecha no se traduzca necesariamente en transformación estructural. En última instancia, la justicia territorial exige que el crecimiento no quede en abstracto sino que se articule territorialmente para que todas las comunidades puedan participar del bienestar.