Introducción
El artículo informa que entre 2012 y 2021 se produjeron de media 546.000 fallecimientos anuales asociados a las altas temperaturas en el mundo. Señala también que en España se cifran unas 5.800 muertes anuales por calor en ese mismo período, y que la mortalidad relacionada con el calor ha aumentado un 23 % desde los años noventa. Asimismo, se aborda cómo el retroceso político en la acción climática —y el negacionismo del cambio climático— agravan la situación, y cómo las ayudas públicas a los combustibles fósiles siguen siendo elevadas.
Este texto permite reflexionar acerca de la crisis climática desde múltiples prismas filosóficos: salud, ética, poder, tecnología, sistema complejo, etc.
Análisis filosófico
Creatividad (Henri Bergson / Alfred North Whitehead)
Desde la perspectiva de Bergson y Whitehead, la realidad es dinámica, en devenir, y la vida se manifiesta en procesos creativos continuos. El artículo nos sitúa frente a un fenómeno —el cambio climático y el calor extremo— que exige creatividad social, institucional y tecnológica para responder.
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Hay una demanda de innovación en los sistemas de alerta, adaptación y mitigación del calor.
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Pero existe una “inacción” y un “negacionismo” que bloquean esa creatividad necesaria: la cultura social, política y económica no está generando los cambios radicales requeridos.
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En ese sentido, la vida —como flujo creativo— se ve amenazada por estructuras estancas que no permiten la emergencia de nuevas formas de convivencia climática.
Este aspecto invita a pensar: ¿cómo desplegar una creatividad colectiva para afrontar los nuevos límites térmicos del planeta? ¿Cómo generar respuestas que sean no solo técnicas, sino vivas, adaptativas y abiertas al devenir?
Disrupción o poder (Gilles Deleuze / Michel Foucault)
Desde Deleuze, se puede ver el cambio climático —y en particular el aumento de muertes por calor— como una forma de “rizoma” del poder: múltiples conexiones, efectos dispersos, pero con una fuerza que atraviesa lo social, lo político, lo biológico. Desde Foucault, el tema del “negacionismo” y la inacción implican dispositivos de poder/verdad: ¿quién define qué es “verdadero” sobre el clima? ¿Quién tiene el poder para ignorar esas verdades o para mantener un régimen de “no‑acción”?
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El hecho de que los gobiernos continúen destinando miles de millones en ayudas a combustibles fósiles en 2023 —956.000 millones de dólares mundiales, 6.810 millones en España— pese a los datos científicos, revela un entretejido de poder político‑económico que obstaculiza la transformación.
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El aumento de muertes por calor es un efecto de ese poder: estructuras económicas que jerarquizan el beneficio a corto plazo frente a la salud y la vida de miles de personas.
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La disrupción se manifiesta también: el sistema climático se vuelve menos predecible, los eventos extremos irrumpen, los dispositivos de poder se ven sobrepasados (“los sistemas de alerta y protección civil están siendo sobrepasados” en España).
Este análisis sugiere que el cambio climático no es solo un fenómeno natural, es una crisis de poder, de verdad, de gobierno. ¿Quién controla la narrativa? ¿Qué resistencias hay?
Ética y responsabilidad (Hans Jonas)
Hans Jonas planteaba que en la era tecnológica el principio de responsabilidad debe anteponerse a la mera voluntad de poder técnico. Aquí, el artículo sitúa exactamente ese dilema: sabiendo que las muertes por calor se asocian al cambio climático, ¿qué responsabilidad tienen los actores (estados, empresas, ciudadanos) de actuar?
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Éticamente, el dato de 546.000 muertes al año señala una urgencia moral: la vida humana está en riesgo por decisiones que podrían cambiarse.
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La inacción o el negacionismo se convierten en actos éticamente reprochables, pues implican la continuidad de daños previsibles y evitables.
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Hay una responsabilidad intergeneracional: las decisiones actuales afectan vidas presentes y futuras. Jonas hablaría de la “responsabilidad hacia el futuro” — aquí se ve cómo los que están hoy en posición de decidir pueden estar hipotecando la vida de millones.
- También hay una dimensión de justicia: los sufrimientos y las muertes no se reparten igual globalmente. Los países más vulnerables pueden ser los más afectados. El artículo lo sugiere para España, para América Latina.
En resumen, desde la ética, el llamado es a transformar la conducta colectiva, a asumir responsabilidad real, a no delegarla únicamente en el mercado o en la tecnología sin marco moral.
Sistemas complejos (Niklas Luhmann / Edgar Morin)
El cambio climático es un problema paradigmático de sistema complejo: múltiples variables (temperatura, políticas energéticas, salud, economía, comportamiento humano) interrelacionadas.
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Según el artículo, el aumento de muertes por calor, la contaminación del aire, los efectos en salud, el apoyo a combustibles fósiles, la falta de políticas, todo interactúa.
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Desde Luhmann, se podría decir que los subsistemas (económico, político, sanitario, ambiental) operan con sus propias lógicas y códigos, pero la crisis del calor requiere una interacción entre ellos que quizá no existe o es débil.
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Desde Morin, la visión de “pensamiento complejo” invita a evitar separar en compartimentos: la salud pública, la energía, el clima, la economía están entrelazados y requieren respuestas holísticas.
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La “inacción” puede analizarse como fallo del sistema complejo en adaptarse, en generar retroalimentaciones eficaces, en anticipar consecuencias. Los datos muestran que los sistemas de alerta están siendo sobrepasados.
Por tanto, la crisis del calor extremo no es un simple problema técnico, sino un fallo sistémico en la capacidad de adaptación de nuestras sociedades.
Tecnología, transparencia, autoexplotación (Byung‑Chul Han)
Byung‑Chul Han analiza cómo las sociedades tecnológicas tienden a la autoexplotación, a la transparencia obsesiva, a la hiperactividad, pero a menudo sin auténtica reflexión ética. En este contexto:
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La tecnología (como climatización, sistemas de alerta, refrigeración) puede ser parte de la solución, pero si no va acompañada de transparencia —sobre riesgos, sobre datos, sobre políticas energéticas— no basta.
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Hay un riesgo de “autoexplotación térmica”: por ejemplo, en países donde los trabajadores soportan calor extremo sin protección, la productividad se exige aun cuando la salud está en riesgo. El artículo menciona que en España el calor extremo provocó pérdidas de horas laborales y euros.
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La transparencia es clave: saber que el cambio climático provoca muertes, valorar esos datos públicamente, exponer la ayuda a combustibles fósiles, etc. El artículo denuncia que esos hechos siguen invisibles o minimizados.
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La autoexplotación también se ve en que las sociedades siguen consumiendo combustibles fósiles como antes, incluso cuando saben del riesgo. Esto es un síntoma de la lógica neoliberal que exige crecimiento aun frente a colapso ambiental.
Así, la reflexión tecnológica debe ir acompañada de ética y conciencia, no sólo de eficiencia.
Identificación de oportunidades y riesgos
Oportunidades
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El artículo permite movilizar la conciencia social: la cifra de medio millón de muertos al año es un dato poderoso para generar exigencia política.
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Existe la posibilidad de rediseñar políticas públicas que integren salud, clima y justicia social (unir lo sanitario con lo ambiental y lo ético).
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Fomentar innovación tecnológica y social adaptada al nuevo contexto térmico: alerta temprana, urbanismo fresco, adaptación laboral al calor extremo.
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Impulsar una narrativa de responsabilidad colectiva, transparencia y justicia sobre el clima.
Riesgos / Problemas
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La persistencia del negacionismo climático y la inercia política actúan como barreras profundas.
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La desigualdad global y local: los que menos han contribuido al cambio climático pueden sufrir más sus efectos — riesgo de injusticia ambiental.
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El problema de adaptación: aunque las muertes se incrementan, los sistemas podrían no dar abasto (alertas, sanidad, infraestructuras) como indica el artículo.
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Reducción de la crisis a estadísticas sin transformación real: informar no es suficiente si no se actúa.
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Riesgo de banalizar el fenómeno: cuando cifras grandes se vuelven “normales”, podemos perder sensación de urgencia.
Conclusión
El artículo nos enfrenta a una crisis múltiple: de salud, de clima, de política, de ética. Desde la creatividad vemos la necesidad de repensar nuestras respuestas; desde el poder, entendemos que hay fuerzas que obstruyen el cambio; desde la ética de la responsabilidad debemos asumir que no actuar es una forma de daño; desde la sistemicidad vemos la complejidad del problema; y desde la tecnología y la transparencia vemos que no bastan los medios si faltan los fines.
En suma: las muertes por calor no son un hecho aislado o inevitable: son el síntoma de un sistema humano‑ambiental que no se adapta, que sigue privilegiando otras lógicas antes que la vida. Hay una urgencia moral, epistemológica y política. El hallazgo conceptual es claro: la crisis climática es también crisis de pensamiento, de valores, de estructuras.
Al mismo tiempo, existe una ventana de oportunidad para transformar esa situación, pero el riesgo es que la inercia y la injusticia ambiental la cierren.