Introducción / Contexto
El artículo señala que entre 2015 y 2025 en España se han creado más de 4 millones de empleos, pasando de unos 17,5 millones de ocupados a alrededor de 22,3 millones.
Durante ese periodo, la tasa de desempleo se habría reducido aproximadamente a la mitad, del ~22 % en 2015 al ~10 % en 2025.
Además, se relatan transformaciones en la composición del mercado laboral: mayor presencia de mujeres, de personas con alta cualificación, y de trabajadores extranjeros (su peso habría pasado del 12,7 % al 21 %).
Pero también se advierte una “falta de talento” que afecta al 76 % de las empresas; un problema vinculado al envejecimiento de la población activa, a la escasez de relevo generacional, y a cambios en las prioridades de los trabajadores (más interés en conciliación, bienestar, diversidad, formación, teletrabajo).
Este contexto económico y social proporciona el terreno sobre el que hacer un análisis filosófico: no solo se trata de cifras, sino de transformaciones profundas en cómo concebimos el trabajo, la vida, la sociedad.
Análisis filosófico
Voy a aplicar diferentes marcos filosóficos al fenómeno descrito, para desentrañar sus dimensiones éticas, ontológicas, sociales y epistemológicas.
Creatividad y devenir — Henri Bergson / Alfred North Whitehead
Desde la perspectiva de Bergson y Whitehead, la realidad social no es estática: es un devenir continuo en el que los cambios — como los del mercado laboral — generan nuevas formas de vida, nuevas dinámicas de creatividad colectiva y personal. El crecimiento sostenido del empleo, la incorporación de mujeres, extranjeros y profesionales cualificados, sugiere una expansión de las posibilidades de existencia: nuevas trayectorias vitales, nuevas formas de convivir, trabajar, contribuir socialmente.
Este “devenir laboral” puede pensarse como un “acontecer creativo” de la sociedad española: no solo producción económica, sino renovación de roles, de identidad social, de estructura demográfica y cultural. La diversidad —género, nacionalidad, formación— incrementa la riqueza de perspectivas, habilidades, experiencias, lo que puede fomentar innovación social, cultural y económica.
Sin embargo, este crecimiento debe acompañarse de un entendimiento ético del trabajo no solo como medio de subsistencia, sino como modo de realización humana. En ese sentido, la evolución del mercado laboral abre la posibilidad a una vida más creativa y digna, si se orienta hacia el bienestar, la formación continua, y el cuidado de las personas.
Poder, estructura social y disrupción — Gilles Deleuze / Michel Foucault
El artículo relata transformaciones estructurales — no solo cuantitativas (más empleo), sino cualitativas: cambios de perfil, prioridades, distribución del talento, envejecimiento, diversidad. Desde Deleuze y Foucault, estas transformaciones podrían interpretarse como reconfiguraciones del poder social, de las relaciones laborales, de la gobernanza del trabajo.
Por un lado, la “falta de talento” puede leerse como una forma de tensión estructural: la demanda de nuevas habilidades, de nuevas formas de trabajo — conciliación, teletrabajo, bienestar — exige a las instituciones (empresas, Estado, educación) adaptarse. Surgen así nuevos “regímenes de verdad”: lo que cuenta como “talento”, lo que se valora en un trabajador, cambia.
Por otro lado, la edad creciente de la población activa y la escasez de relevo sugieren una crisis de reproducción social del trabajo: ¿quién asumirá las tareas esenciales cuando la generación envejece? ¿Cómo se reconfigura el poder laboral, la vulnerabilidad, la dependencia de ciertos colectivos (extranjeros, mujeres, jóvenes precarios)?
También puede haber tensiones internas: los trabajadores priorizan conciliación y bienestar, lo que puede chocar con lógicas empresariales tradicionales. Esa disrupción genera conflicto, renegociación — de contratos, horarios, expectativas —, y abre la puerta para nuevas formas de organización laboral, posiblemente más horizontales o flexibles.
Ética y responsabilidad — Hans Jonas
Desde una ética de la responsabilidad como la de Hans Jonas, el crecimiento del empleo no basta si no se considera el impacto a largo plazo: social, demográfico, intergeneracional. La constatación de una “falta de talento” generalizada plantea interrogantes éticos: ¿qué responsabilidad tienen las empresas, el Estado y la sociedad para asegurar la formación, la dignidad, la continuidad del empleo? ¿Cómo garantizar que una reconfiguración del mercado laboral no deje a grupos vulnerables — jóvenes, inmigrantes, mayores — en condiciones de precariedad o exclusión?
La prioridad creciente de conciliación, bienestar y calidad de vida revela una demanda ética de humanización del trabajo: ya no basta trabajar, sino vivir dignamente, con equilibrio. Esto exige responsabilidad corporativa, políticas públicas, transformaciones educativas y culturales. Ignorar ese llamado podría generar costos — desarraigo social, estrés, desigualdades — difíciles de evaluar. Jonas nos recordaría que nuestras decisiones hoy configuran el mundo de mañana: crear empleo sin cuidar su calidad y su sostenibilidad social es una irresponsabilidad hacia generaciones futuras.
Sistemas complejos — Niklas Luhmann / Edgar Morin
La transformación del mercado laboral español debe pensarse como un sistema complejo: múltiples variables interactúan — demografía, migración, género, formación, tecnología, cultura, economía global — generando efectos impredecibles.
Desde Luhmann, el mercado laboral es un subsistema de la sociedad: su estructura, sus reglas, su comunicación interna afectan y son afectados por otros subsistemas (educación, demografía, economía, política). La aparición de nuevas “observaciones” — lo que se considera talento, lo que se considera empleo digno, prioridades de los trabajadores — reconfigura la lógica del subsistema.
Morin ayudaría a ver la necesidad de pensar en “totalidad”: no basta analizar solo empleo o paro como cifras aisladas; debemos considerar su interrelación con envejecimiento poblacional, migración, calidad de vida, cohesión social, bienestar, estructura educativa. El riesgo sería un desequilibrio sistémico: un mercado que “crece” numéricamente, pero que falla en reproducir condiciones sociales sostenibles — como atractivo para los jóvenes, capacitación continua, integración de inmigrantes.
Por eso, adoptar una visión sistémica invita a políticas integradas: formación, vivienda, conciliación, fiscalidad, migración, salud, bienestar. No basta con crear puestos de trabajo: hay que crear empleo sostenible, inclusivo y digno.
Tecnología, autoexplotación y transparencia — Byung-Chul Han
El artículo menciona el auge del teletrabajo y la digitalización — también la adopción creciente de herramientas de inteligencia artificial en empresas.
Desde la óptica de Byung-Chul Han, la tecnología ofrece promesas de libertad, flexibilidad, eficiencia. Pero también riesgos de autoexplotación, disolución de fronteras entre vida laboral y personal, pérdida de colectividad, individualismo excesivo. Si el mercado laboral se “moderniza” sin regulaciones o reflexión ética, podríamos asistir a una intensificación del trabajo, mayor presión por rendimiento, precariedad camuflada, y una alienación más sutil: ya no es solo explotación visible, sino auto‑explotación mediante la promesa de “conciliación” o “productividad personal”.
La prioridad de conciliación y bienestar podría chocar con las lógicas de productividad digital. La transparencia en la organización del trabajo, la regulación del teletrabajo, la protección de derechos, el bienestar y la salud mental son imprescindibles. Si no, el crecimiento del empleo corre el riesgo de convertirse en un crecimiento de precariedad y desarraigo.
Oportunidades y riesgos: un balance
Oportunidades
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La expansión del empleo y la diversidad creciente son una fuente de creatividad social, cultural y económica.
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El cambio en las prioridades de los trabajadores — hacia bienestar, conciliación, formación, diversidad — puede promover un nuevo contrato social y laboral, más humano y sostenible.
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La modernización del mercado laboral puede abrir puertas a innovación, flexibilidad, inclusión de colectivos tradicionalmente marginados (mujeres, inmigrantes, personas mayores).
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Si se aborda con visión sistémica, puede ser ocasión para repensar la relación entre trabajo, tiempo de vida, dignidad, cohesión social.
Riesgos y desafíos
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La “falta de talento” denunciada por las empresas puede ser síntoma de una descoordinación estructural: educación, formación, políticas migratorias y laborales no preparadas para las demandas cambiantes.
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El envejecimiento de la población activa y la escasez de relevo generacional plantean un problema de sostenibilidad social y demográfica.
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La digitalización y el teletrabajo pueden exacerbar la autoexplotación, precariedad encubierta, aislamiento, ruptura de comunidad.
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Si no se prioriza la calidad del empleo — no solo la cantidad — existe el riesgo de reproducir formas de precariedad modernas, con contratos “estables” en apariencia pero fragilidad real (rotación, discontinuidad, sobrecarga).
Conclusión: una invitación al cuidado reflexivo de la transformación laboral
El crecimiento del empleo en España en la última década no debe celebrarse mecánicamente como un triunfo económico. Desde una perspectiva filosófica, representa una transformación profunda del tejido social, demográfico, cultural y existencial.
Esta transformación abre posibilidades reales: nuevas vidas, diversidad, creatividad, dignidad. Pero al mismo tiempo contiene tensiones estructurales: escasez de talento, envejecimiento, precariedad encubierta, riesgo de autoexplotación.
El reto — ético, político, social — es acompañar este cambio con responsabilidad: políticas integrales, inversiones en formación, regulaciones laborales adaptadas, reconocimiento del valor del cuidado, del tiempo libre, de la salud, del bienestar.
Solo así el “boom del empleo” puede consolidarse como una verdadera mejora en las condiciones de vida y no como un espejismo de prosperidad cuantitativa.