Padres radicalizados: cómo la desinformación y las noticias falsas están amenazando la unidad de muchas familias

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Introducción

El texto aborda cómo la circulación de desinformación, bulos y teorías conspirativas —especialmente entre progenitores de mayor edad— está provocando una transformación ideológica intensa que afecta a las relaciones familiares. A través de testimonios personales y estudios de expertos, se describe cómo el tiempo libre, la soledad, el consumo pasivo de redes sociales y la falta de reflexión crítica favorecen lo que el psicólogo Roberto Muelas denomina “radicalización de la narrativa”: un marco rígido y maniqueo para interpretar el mundo.
El artículo advierte de los efectos en la unidad familiar, en los vínculos de confianza, y propone estrategias de diálogo pausado, evitando la confrontación directa, para intentar revertir esa deriva.


Análisis filosófico

A continuación se integran diferentes perspectivas filosóficas conforme a los marcos que se indicaron.

Creatividad (Henri Bergson, Alfred North Whitehead)

Desde la óptica bergsoniana de la creatividad y el devenir, podemos ver en este fenómeno cómo la conciencia no está simplemente reproducido patrones, sino que se deja moldear por nuevas corrientes —en este caso de consumo digital y narrativas conspirativas— que transforman el orden familiar. El hábito no basta para explicar la adhesión: hay una especie de “salto vital” o “duración” que reconfigura identidades.
Whitehead, con su noción de “proceso” y realidad en devenir, ayudaría a entender que los sujetos (aquí los progenitores) no son entidades fijas sino acontecimiento: su interior se reorganiza tras la exposición prolongada a contenidos de desinformación, generando nuevas realidades internas que tienen efectos interpersonales (familiares).
En este sentido, la creatividad no es solo generativa de lo nuevo en sentido positivo, sino que puede generar lo perturbador: nuevas formas de vínculo, nuevas ficciones compartidas, que fracturan los lazos previos.

Disrupción o poder (Gilles Deleuze, Michel Foucault)

La proliferación de bulos y noticias falsas puede entenderse como una forma de disrupción del poder discursivo tradicional. Foucault nos recordaría que el poder no solo se ejerce desde lo visible (instituciones) sino por medio de discursos, regímenes de verdad: estas nuevas narrativas conspirativas constituyen regímenes de verdad alternativos que desplazan –o intentan desplazar– los marcos oficiales de conocimiento.
Deleuze, por su parte, enfatizaría cómo estos procesos constituyen “máquinas de subjetivación” que crean sujetos nuevos (padres radicalizados) dentro de comunidades digitales, comunidades de afirmación, que operan fuera o al margen del circuito tradicional de racionalidad y control social. Estos sujetos se configuran como “agentes” de un poder narrativo que fractura el espacio (familiar, social) sobre el cual antes había orden. La soledad, el tiempo libre y el uso de pantalla funcionan como condiciones de acceso a estas máquinas de subjetivación.

Ética y responsabilidad (Hans Jonas)

Desde la ética de la responsabilidad de Jonas, se hace visible la dimensión de riesgo: no solo se produce una transformación individual, sino que hay un impacto sobre los terceros, en este caso los hijos, la madre, la familia, el tejido social. Los progenitores que adoptan creencias rígidas y potencialmente hostiles asumen una exposición de responsabilidad hacia aquellos que les rodean, aunque no la tengan consciente.
El artículo señala que los discursos cargados de odio y simplificación afectan la dignidad y la libertad de los otros —aspectos centrales en la reflexión jonasiana sobre la responsabilidad hacia el futuro, hacia la alteridad. Cuando estos padres propagan bulos o adoptan narrativas maniqueas, la ética exige un examen de su responsabilidad hacia el vínculo familiar, hacia la integridad del otro, hacia la comunidad.

Sistemas complejos (Niklas Luhmann, Edgar Morin)

Mirando desde la teoría de sistemas de Luhmann, la familia es un subsistema comunicativo que depende de la confianza, de la coherencia de sus comunicaciones. Cuando los progenitores adoptan formas discursivas radicalizadas que no pueden ser comunicadas o compartidas con los hijos, se produce una disrupción del sistema familiar: la expectativa de comunicación común se quiebra.
Morin, con su pensamiento complejo, nos ayudaría a ver que este fenómeno no tiene una sola causa lineal: hay elementos tecnológicos (redes sociales), psicosociales (soledad, jubilación), epistemológicos (creencia en bulos), que interactúan en bucles de retroalimentación. La radicalización narrativa de los padres no puede entenderse sin considerar esa complejidad: cómo la tecnología, la soledad, el consumo de contenido digital, los vacíos de pertenencia, se entrelazan para producir la fractura relacional.

Tecnología, transparencia, autoexplotación (Byung‑Chul Han)

Byung‑Chul Han ha hablado del efecto de la tecnología sobre el sujeto: el exceso de estimulación, el scroll infinito, la construcción de un sujeto que se autoexplota, que se observa a sí mismo, que busca comunidades de retroalimentación. Aquí vemos cómo los progenitores quizá, tras la jubilación o con mucho tiempo libre, entran en un régimen de consumo digital pasivo que les convierte en “usuarios” de narrativas en las que encuentran pertenencia.
La transparencia aquí no es tal: las redes prometen visibilidad, sin embargo la lógica de burbuja ideológica reduce el otro, la complejidad, la duda. Se produce una forma de alienación tecnológica donde la persona se aisla bajo la ilusión de comunidad, pero en real genera separación real en el mundo familiar. Hay autoexploración del “yo radicalizado” que entra en conflicto con el sistema familiar.


Identificación de oportunidades y riesgos

Oportunidades

  • El artículo ofrece una toma de conciencia social del fenómeno de la desinformación dentro de la familia, visibilizando una dimensión poco tratada (padres mayores radicalizados).

  • Se abre espacio para debatir estrategias de acompañamiento, diálogo, en lugar de enfrentamiento directo, lo que tiene implicaciones éticas para la mediación familiar.

  • Desde una perspectiva filosófica, se invita a pensar la responsabilidad intergeneracional, el efecto de la tecnología en las relaciones íntimas, y la necesidad de alfabetización mediática.

Riesgos / Problemas

  • Posible estigmatización de los padres mayores como “consumidores de bulos”, lo que puede generar un discurso de “ellos versus nosotros” y reforzar la polarización familiar.

  • Simplificación del fenómeno: se le asigna gran peso al factor soledad/jubilación/pantallas, pero puede que no se aborden suficientemente otros factores (condiciones socioeconómicas, crisis identitarias, salud mental) que también operan.

  • Riesgo ético: el artículo habla de “radicalización de la narrativa” sin quizá precisar los límites entre radicalización violenta y simple adhesión a discursos extremos. Este tipo de terminología podría generar alarmismo o patologización de actitudes que requieren matización.

  • Desde el punto de vista epistemológico: la fiabilidad de testimonios y la generalización de datos podrían quedarse en una narrativa que no desmonta suficientemente la lógica de producción de bulos o la estructura de las plataformas que los difunden.


Generación de análisis completo

En conjunto, el artículo pone de manifiesto un fenómeno complejo: la ruptura de la unidad familiar como efecto de la conjunción de desinformación, tecnología, soledad y narrativa ideológica rígida. Desde el marco filosófico, podemos ver que:

  • Los sujetos ya no se configuran únicamente por sus antecedentes familiares o ideológicos, sino por procesos de subjetivación digital (Deleuze) que transforman su forma de estar en el mundo.

  • La tecnología, lejos de ser un mero instrumento, actúa como estructura de poder (Foucault) que redefine quién tiene acceso a qué discursos, y cómo se legitiman.

  • Este proceso exige una ética de la responsabilidad (Jonas) porque el impacto no es solo individual sino relacional y social: se deterioran los lazos familiares, se fractura la convivencia y la alteridad se ve vulnerada.

  • Comprenderlo exige pensamiento complejo (Morin) porque los factores tecnológicos, psicológicos, sociales, ideológicos interactúan sin jerarquía simple.

  • Finalmente, se abre una llamada a la creatividad (Bergson, Whitehead) no para reproducir nuevas cadenas de radicalización, sino para imaginar modos de diálogo, de reconexión, de re-creación del vínculo familiar.

Desde este análisis, podemos sugerir que la unidad familiar —que tradicionalmente se ha basado en comunicación, confianza, vulnerabilidad mutua— se ve erosionada cuando uno de sus miembros se adentra en una burbuja narrativa que no es compartida. Esto revela algo ontológico: la familia como sistema de relaciones está en riesgo cuando los procesos subjetivos internos escapan al campo de la inter‑relación. A nivel social, refleja que la democracia íntima de la familia se resiente cuando la verdad compartida, la conversación común, se rompe.

El camino no es sencillo: el artículo lo reconoce. No hay receta mágica para revertirlo, sino paciencia, diálogo, presencia. En términos filosóficos, se trata de recuperar la comunicación auténtica frente a la complicidad acrítica con narrativas polarizadas. Es un reto de la modernidad: convivir con pluralidad, con incertidumbre, con otros que no comparten nuestra narrativa, sin que ello lleve a ruptura.


Conclusión

El fenómeno tratado en el artículo representa una convergencia de desafíos filosóficos: la tecnología como mediadora de poder discursivo, la fragilidad de los vínculos en sociedades altamente individualizadas, la necesidad de responsabilidad intergeneracional y la urgencia del pensamiento crítico en un entorno saturado de información.
Las oportunidades radican en visibilizar este nuevo tipo de fractura social —la que sucede dentro de la casa— y en promover estrategias éticas y relacionales para enfrentarlo. Los riesgos son la simplificación del fenómeno, la potencial estigmatización y el olvido de las dimensiones estructurales que lo sostienen.
En última instancia, podemos verlo como un llamado a restaurar esa conversación íntima que hace posible la familia: conversación que no teme la diferencia, que no exige adhesiones rígidas, que admite el contraste, la duda y la transformación conjunta.