Un 39% de las obras en España sufre retrasos por la criminalidad: los delitos en la construcción frenan proyectos y encarecen la vivienda

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Introducción

El texto informa que en España, según el informe “Informe sobre el crimen 2025: el cambiante mundo de la delincuencia en la construcción” elaborado por BauWatch, el 58 % de las empresas constructoras detecta un aumento de los delitos en las obras, y un 21 % lo considera “muy relevante”. Debido a ello, el 39 % de los proyectos de construcción han sufrido retrasos. Los robos y actos vandálicos inciden directamente en el coste, la productividad y terminan repercutiendo en el precio de la vivienda.
A partir de estos datos, exploraremos el fenómeno desde perspectivas filosóficas relacionadas con la creatividad, el poder, la ética, la complejidad sistémica y los efectos de la tecnología.


Análisis filosófico

Creatividad (Henri Bergson, Alfred North Whitehead)

Desde la perspectiva de Bergson, puede decirse que la irrupción de la delincuencia afecta la “duración” creativa de los proyectos de construcción. La obra, que se concibe como un proceso continuo, se ve fragmentada por eventos imprevisibles que interrumpen su devenir.
Para Whitehead, toda realidad es proceso en constante transformación. La criminalidad modifica las relaciones entre actores (trabajadores, empresas, entorno urbano), obligando a adaptar constantemente los flujos constructivos. La obra ya no es mera ejecución de un diseño, sino una práctica creativa de gestión de contingencias, revelando la tensión entre lo planeado y lo emergente.

Disrupción o poder (Gilles Deleuze, Michel Foucault)

Desde Deleuze, la criminalidad en las obras puede interpretarse como una “línea de fuga”, una fuerza que escapa al orden previsto y crea nuevas condiciones de funcionamiento. Interrumpe estructuras rígidas (como los cronogramas, presupuestos o normas urbanísticas) e introduce discontinuidades en el proceso constructivo.
Foucault, por su parte, lleva el análisis al plano del poder: ¿quién impone condiciones? La existencia de pagos por “protección” y la profesionalización del delito en el sector muestra que el poder ya no se concentra únicamente en el Estado o la empresa, sino que se distribuye en múltiples actores, incluso ilegales. Así, el discurso de seguridad revela una lucha por el control de los espacios productivos, y evidencia que las obras son también territorios de disputa.

Ética y responsabilidad (Hans Jonas)

Desde la ética de Hans Jonas, el retraso en la construcción de viviendas e infraestructuras no es solo un problema económico, sino ético. Afecta al derecho a la vivienda y a la calidad de vida de las generaciones actuales y futuras.
Las decisiones empresariales y las políticas públicas deben asumir una ética de la responsabilidad que contemple las consecuencias a largo plazo de permitir condiciones de inseguridad. También deben garantizar que los proyectos no se conviertan en fuentes de vulnerabilidad para trabajadores ni en instrumentos que encarezcan aún más el acceso a bienes esenciales como la vivienda. La criminalidad, si bien externa al propósito de la obra, termina formando parte del entramado de decisiones que afectan a la comunidad.

Sistemas complejos (Niklas Luhmann, Edgar Morin)

Según Luhmann, los sistemas sociales (económicos, legales, constructivos) son autopoiéticos, es decir, generan sus propias dinámicas internas. El artículo revela cómo el sistema de la construcción interactúa con sistemas externos como el de la criminalidad, que deja de ser un factor periférico para volverse estructural.
Morin aportaría aquí su visión de pensamiento complejo: no se trata de un simple problema de robos aislados, sino de una trama interdependiente de factores (tecnológicos, laborales, económicos, sociales). La criminalidad en las obras produce retrasos, aumenta costes, afecta la planificación urbana, modifica relaciones laborales y revela fracturas en la seguridad pública. Solo una comprensión integral del fenómeno permite actuar de manera eficaz.

Tecnología, transparencia, autoexplotación (Byung‑Chul Han)

El uso creciente de tecnología para prevenir delitos en obras —como inteligencia artificial, sensores o drones— refleja una lógica de vigilancia permanente que puede acarrear efectos secundarios. Según Byung‑Chul Han, este tipo de control técnico puede derivar en una exposición excesiva de los trabajadores y en dinámicas de autoexplotación: más exigencia, más presión por recuperar lo perdido, más carga emocional y física.
Además, el sistema de “transparencia” no es simétrico: mientras se intensifica la vigilancia sobre los trabajadores y las herramientas, los pagos ilegítimos o extorsivos escapan a esa visibilidad. Esto genera una tensión entre la transparencia tecnológica y la opacidad moral. El riesgo es que la tecnología sustituya a la reflexión ética y se convierta en un mecanismo que oculta el problema en vez de resolverlo.


Identificación de oportunidades y riesgos

Oportunidades

  • La visibilización del problema permite impulsar cambios estructurales en la planificación, prevención y diseño de obras.

  • Posibilita una revisión ética del rol de las constructoras y del Estado en garantizar el derecho a una vivienda accesible.

  • Fomenta la implementación de soluciones integrales que combinen tecnología, políticas públicas y responsabilidad social.

Riesgos

  • El encarecimiento de las viviendas podría profundizar la desigualdad habitacional y la exclusión social.

  • La aceptación pasiva de la criminalidad como “coste asumido” normaliza la ilegalidad e impide su erradicación.

  • La sobredependencia en la tecnología puede desplazar el enfoque hacia soluciones técnicas que no atacan las causas estructurales del delito.

  • Las exigencias productivas sobre los trabajadores podrían aumentar, afectando su salud y condiciones laborales.


Conclusión

El artículo analizado muestra que la criminalidad en el sector de la construcción no es solo un obstáculo operativo, sino un fenómeno complejo que afecta procesos creativos, relaciones de poder, responsabilidades éticas y estructuras sistémicas. Desde una mirada filosófica, revela la fragilidad de los sistemas actuales frente a dinámicas inesperadas y la necesidad de respuestas éticas y estructurales que vayan más allá de lo técnico.
Construir no es solo levantar muros: es también generar condiciones de vida, tejido social y confianza colectiva. Por eso, repensar la relación entre seguridad, justicia, ética y tecnología es fundamental para un futuro urbano más justo y habitable.