I. INTRODUCCIÓN BREVE
El artículo reporta la alarmante realidad del uso de menores como sicarios (“baby sicarios”) en la Costa del Sol, una zona del sur de España donde se entrelazan redes de narcotráfico internacional, inversiones extranjeras ilícitas y una violencia organizada cada vez más estructurada. Destaca el rol del entorno digital (redes sociales) en la captación y glorificación de estos jóvenes, así como la expansión del crimen organizado en barrios marginales. El texto denuncia la sofisticación de estas redes criminales, su capacidad de corromper sistemas locales y su impacto sobre generaciones jóvenes.
II. ANÁLISIS FILOSÓFICO
A. Poder y Disrupción (Foucault, Deleuze)
Foucault ayuda a interpretar el fenómeno de los baby sicarios como una consecuencia directa de los regímenes de poder que operan a través de discursos normalizadores. En este caso, el discurso dominante de las redes sociales glamuriza el crimen, lo estetiza y lo normaliza, convirtiéndolo en una vía aceptable de ascenso social. Los actores (jóvenes reclutados) son reconfigurados como sujetos funcionales dentro de una red de poder que no solo los explota, sino que también define qué se considera éxito, visibilidad y respeto.
Deleuze permite ver estas redes criminales como líneas de fuga frente a un sistema social cerrado, donde las juventudes marginalizadas encuentran en el crimen una vía de devenir, una forma de escapar al “destino” de precariedad estructural. Pero esta fuga no es liberadora: es capturada por sistemas aún más opresivos.
B. Ética y Responsabilidad (Hans Jonas)
El artículo expone una clara crisis de responsabilidad intergeneracional. Las organizaciones criminales están explotando la vulnerabilidad de menores, y los sistemas legales, educativos y sociales están fallando en su función preventiva. Aplicando el principio de responsabilidad de Jonas, se evidencia una falta de previsión de las consecuencias futuras de esta dinámica: el daño estructural a generaciones enteras, la normalización de la violencia, y la erosión del tejido comunitario.
C. Sistemas Complejos (Luhmann, Morin)
Desde Luhmann, podemos analizar cómo el sistema mediático reproduce ciertos patrones de observación: al visibilizar el fenómeno, contribuye a mantenerlo dentro del foco público, pero no siempre lo problematiza con profundidad. Este artículo, sin embargo, introduce una mirada sistémica que permite entender que no se trata de episodios aislados, sino de la manifestación de un sistema autopoiético delictivo: redes criminales, medios, redes sociales y sistemas de justicia interactúan en bucles de retroalimentación.
Morin aporta un marco para comprender este fenómeno desde una lógica de complejidad: pobreza, exclusión, digitalización, violencia, educación fallida y corrupción institucional no son variables independientes, sino interconectadas. El problema no es reducible al “crimen”, sino a la fragilidad del entramado social.
D. Tecnología, Autoexplotación y Transparencia (Byung-Chul Han)
El rol de las redes sociales es fundamental. Según Han, la digitalización ha promovido un nuevo tipo de subjetividad, orientada hacia la autoexposición y la autoexplotación. Los menores son seducidos por imágenes de riqueza, poder y respeto que circulan como simulacros de éxito. La vida criminal se convierte en contenido aspiracional. Este proceso produce una “violencia de la positividad” donde el sujeto cree estar eligiendo libremente, cuando en realidad está siendo cooptado por un régimen digital de visibilidad.
E. Lenguaje y Discurso (Wittgenstein, Habermas)
Desde Wittgenstein, los juegos de lenguaje del crimen (jerga, símbolos, imágenes) construyen una gramática cultural que resignifica conceptos como “honor”, “lealtad” o “poder”. El artículo contribuye a desmontar esa lógica al ofrecer otro discurso alternativo.
Sin embargo, el rol del periodismo también debe evaluarse a través de Habermas: ¿está promoviendo una acción comunicativa orientada al entendimiento o simplemente informando sin generar deliberación pública? En este caso, el artículo sugiere responsabilidad mediática, pero aún se requieren esfuerzos mayores de contextualización y propuestas de solución.
F. Hegemonía Cultural y Representación (Gramsci, Baudrillard)
Desde Gramsci, se puede interpretar cómo las narrativas dominantes del “éxito” han sido capturadas por valores hegemónicos vinculados al consumo, el poder inmediato y el individualismo. En ausencia de contranarrativas potentes (educación, cultura, comunidad), el narco impone su hegemonía cultural.
Baudrillard permite identificar la hiperrealidad construida en redes: el narco como avatar exitoso, disociado de las consecuencias reales de la violencia. Este simulacro captura la imaginación juvenil mucho más que los modelos tradicionales.
III. CONCLUSIÓN
Riesgos:
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Normalización de la violencia y la ilegalidad como vía de movilidad social.
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Vulnerabilidad estructural de menores usada por redes organizadas.
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Invisibilización del problema sistémico por parte de discursos simplistas o sensacionalistas.
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Riesgo ético de convertir en espectáculo mediático realidades sociales críticas.
Oportunidades:
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El artículo puede servir como punto de partida para una reflexión pública más profunda.
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Visibiliza las fallas del sistema y la necesidad de respuestas integrales (educativas, sociales, institucionales).
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Aporta datos valiosos que pueden alimentar políticas preventivas si se contextualizan correctamente.
Síntesis conceptual:
Este texto articula múltiples niveles de análisis: poder (Foucault), devenir social (Deleuze), ética (Jonas), complejidad (Morin, Luhmann), y tecnología (Han). La figura del “baby sicario” representa un síntoma cultural, no un desvío individual. Es la encarnación de un sistema de sentido donde el crimen se presenta como único horizonte de agencia para los excluidos.