El 80% del crecimiento económico registrado en España entre 2019 y 2025 se debe a la población extranjera, según el Banco Central Europeo

Fuente y enlace 

Introducción: contexto y contenido esencial

El artículo informado por Banco Central Europeo (BCE) sostiene que el 80 % del crecimiento económico registrado en España entre 2019 y 2025 se debe a la población extranjera residente en el país. Este fenómeno se presenta en el contexto de una población europea envejecida, donde la inmigración —sobre todo de trabajadores extranjeros— actúa como contrapeso demográfico y como motor de crecimiento económico. El artículo subraya que la contribución de la inmigración ha fortalecido la fuerza laboral, ha aumentado la participación en el empleo y ha incrementado el PIB total. 

Este escenario plantea varios interrogantes sobre identidad, justicia social, sostenibilidad del modelo económico y las transformaciones estructurales de la sociedad.

Análisis filosófico

Creatividad y devenir (perspectiva según Henri Bergson y Alfred North Whitehead)

  • La inmigración trae consigo una dinámica creativa: nuevas personas, con historias, culturas, conocimientos distintos, transforman el tejido social y económico de España. Esto podría verse como un “flujo vital” bergsoniano: la nación deja de ser un organismo cerrado y estático, para devenir un sistema abierto, heterogéneo, en constante renovación.

  • Desde la óptica de Whitehead, los inmigrantes representan “nuevos eventos actualizadores” —cada individuo aporta nuevas “ocurrencias” (capacidades, redes, formas de vida) que reconfiguran la realidad colectiva. Así, la sociedad se transforma no mediante una copia del pasado sino mediante un acontecimiento nuevo, irrepetible, que abre posibilidades inéditas.

Este flujo creativo-renovador puede revitalizar la vida social, cultural y económica, proporcionando innovaciones humanas no previstas desde antes, no solo en sentido económico sino en la convivencia y pluralidad comunitaria.

Disrupción y poder (mirada foucaultiana / deleuzeana)

  • La aparición masiva de inmigrantes como motor del crecimiento significa una reestructuración del poder económico y social: quienes antes eran considerados marginales se tornan esenciales para la reproducción del sistema —mano de obra, consumo, sostenimiento del bienestar. Eso reconfigura las jerarquías sociales.

  • Existe una tensión entre la necesidad estructural (inmigración para sostener la economía) y las lógicas de control, regulación, integración o exclusión (leyes migratorias, derechos laborales, discriminación, precariedad). Desde un enfoque foucaultiano, el Estado y otros actores sociales regulan cuerpos, identidades, ciudadanía y trabajo; la inmigración se convierte en un dispositivo de poder: no solo por quién trabaja, sino por quién es visible, legitimado, integrado.

  • También aparece la noción de “gobierno de poblaciones”: la inmigración orienta políticas de empleo, vivienda, seguridad social —en ese sentido, la población extranjera “fabrica” demografía, economía y estructuras de cuidados, constituyendo un pilar funcional del Estado.

Ética y responsabilidad (según Hans Jonas)

  • Si aceptamos que la inmigración sostiene buena parte del crecimiento y del bienestar social, surge una responsabilidad ética colectiva: garantizar la integración digna, la equidad, los derechos laborales y sociales de los inmigrantes. No basta con verlos como recurso productivo; deben ser tratados como sujetos con dignidad. Jonas enfatiza la responsabilidad hacia las generaciones presentes y futuras —en este caso, hacia quienes migran en busca de vida digna y hacia la cohesión social de la comunidad.

  • A su vez, hay que reflexionar sobre el deber de justicia: ¿la inmigración mitiga problemas estructurales (envejecimiento, escasez de mano de obra) o simplemente parchea debilidades del sistema sin cambiar sus raíces? Si el sistema depende casi enteramente de la inmigración, puede volverse frágil o injusto. Existe un imperativo ético de no instrumentalizar a las personas migrantes como simples recursos económicos.

Sistemas complejos (visión desde Niklas Luhmann y Edgar Morin)

  • La sociedad española contemporánea se revela como un sistema complejo, con múltiples subsistemas —económico, demográfico, cultural, social— que interactúan. La inmigración aparece como un input externo que reequilibra variables como población, mercado laboral, demografía, demanda habitacional, servicios públicos. Desde Morin, ese tipo de heterogeneidad es fuerza de adaptación: permite sobrevivir a transformaciones globales —envejecimiento, crisis demográfica, cambio estructural.

  • Pero la complejidad también implica incertidumbre: un sistema dependiente de flujos migratorios está sujeto a variables externas (crisis internacionales, políticas migratorias, integración laboral). La “estabilidad” conseguida puede ser frágil si no hay políticas públicas coherentes: vivienda, integración, formación, derechos sociales.

Tecnología, transparencia, auto‑explotación (visión a la Byung-Chul Han)

Aunque el artículo no trata directamente sobre tecnología, puede aplicarse la reflexión de Byung‑Chul Han sobre autoexplotación: en muchos casos, la inmigración moderna se inserta en economías de servicios, hostelería, cuidados —trabajos precarios, jornadas largas, incertidumbre laboral— lo que implica que los trabajadores extranjeras muchas veces se autoexplotan, interiorizando la lógica del rendimiento económico. Su integración, impulsada por la necesidad económica, puede traducirse en vulnerabilidad subjetiva: estrés, precariedad, alienación.

Asimismo, la necesidad de “atraer mano de obra extranjera” revela una cierta opacidad institucional: si el sistema depende fuertemente de trabajadores extranjeros, es crítico garantizar transparencia, derechos y reconocimiento —no tratarlos como factor anónimo de producción.

Oportunidades y riesgos

Oportunidades

  • Renovación demográfica: la inmigración mitiga el envejecimiento. Esto puede sostener pensiones, servicios públicos y mercado laboral activo.

  • Diversidad cultural: la llegada de personas con distintas culturas, visiones y habilidades puede enriquecer social y culturalmente, fomentar creatividad, innovación, pluralismo.

  • Sostenibilidad económica: la inmigración permite mantener crecimiento del PIB, demanda de consumo, empleo —importante para un país con desafíos demográficos.

  • Integración social: si se gestiona con políticas adecuadas, puede fomentarse una sociedad más abierta e inclusiva, con ciudadanía real, no solo formal.

Riesgos y tensiones

  • Dependencia estructural: un crecimiento dependiente casi en su totalidad de inmigración puede convertirla en condición necesaria permanente, revelando fragilidad demográfica y económica subyacente.

  • Precariedad laboral: riesgo de explotación, desigualdades, sobrecualificación, discriminación, especialmente si no se alinean las cualificaciones con empleos.

  • Tensiones identitarias: la integración masiva puede generar conflictos culturales, xenofobia, problemas de cohesión social si no se acompaña de políticas de inclusión.

  • Falta de sostenibilidad social: presión sobre vivienda, servicios, infraestructura —ya documentada en el contexto de crisis inmobiliaria. 

Conclusión

El dato según el cual “el 80 % del crecimiento económico en España entre 2019 y 2025 se debe a la población extranjera” es un síntoma de transformación profunda: demográfica, económica, social. Esa transformación puede ser interpretada como una oportunidad creativa —una renovación vital del país—, pero también revela la vulnerabilidad estructural del sistema: su dependencia de la inmigración para sostener su crecimiento.

Desde una óptica ética, social y filosófica, la inmigración debe dejar de tratarse como un mero recurso económico: implica responsabilidad hacia las personas que aportan su trabajo, derechos, dignidad. Desde una visión de sistema, plantea retos de integración, cohesión y sostenibilidad. Se abre la oportunidad para reinventar la comunidad nacional como algo plural, diverso y dinámico; pero también existe el riesgo de reproducir desigualdades, precariedades o tensiones si no se gestionan bien los procesos de inclusión.

En definitiva: la inmigración resignifica España —sobre su identidad, estructura, futuro—, y exige una reflexión profunda: ¿qué tipo de sociedad se quiere construir? ¿Qué valoramos: sólo crecimiento económico, o dignidad, justicia social, pluralismo?