Alerta en Londres por las 'School Wars', niños que quedan para supuestas peleas "violentas" armados con compases, tijeras y cúteres

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INTRODUCCIÓN

El artículo analiza el fenómeno denominado “School Wars” en Londres, donde publicaciones difundidas en redes sociales animan a estudiantes de distintos colegios a organizar peleas violentas tras la jornada escolar. Estas convocatorias dividen simbólicamente a los jóvenes en bandos, establecen sistemas de puntuación por agresiones físicas y promueven la grabación de los enfrentamientos para su difusión digital. En algunos casos se incentiva el uso de objetos potencialmente peligrosos como compases, tijeras o cuchillos.

Las autoridades metropolitanas han activado una operación específica para investigar y prevenir estos hechos, mientras los centros educativos alertan a las familias y refuerzan medidas de vigilancia. El fenómeno combina violencia juvenil, cultura digital y dinámicas de viralización, configurando un problema social complejo que trasciende el ámbito escolar.


ANÁLISIS FILOSÓFICO

  1. Creatividad y emergencia (Bergson y Whitehead)

Desde la perspectiva de Henri Bergson, toda realidad social contiene un impulso creativo (élan vital). Sin embargo, en este caso la creatividad no se orienta hacia la innovación constructiva, sino hacia la escenificación violenta. La energía vital juvenil, que podría desplegarse en formas artísticas, deportivas o intelectuales, se canaliza hacia dinámicas de confrontación que fragmentan la experiencia colectiva.

Alfred North Whitehead permite comprender este fenómeno como proceso. No se trata de hechos aislados, sino de una cadena dinámica donde redes sociales, cultura visual, identidad grupal y deseo de reconocimiento interactúan. La creatividad cósmica no es moral en sí misma: puede producir armonía o desorden. Aquí se observa una ruptura de la armonía social, donde lo nuevo emerge como intensificación del conflicto.

  1. Disrupción, poder y discurso (Deleuze y Foucault)

Gilles Deleuze hablaría de líneas de fuga: los estudiantes buscan escapar de la rutina escolar mediante la construcción de un acontecimiento disruptivo. Sin embargo, esta fuga no libera, sino que reproduce esquemas de violencia ya codificados culturalmente (dinámicas de bandas, enfrentamientos simbólicos). La diferencia se convierte en repetición de un modelo conflictivo.

Desde Michel Foucault, el fenómeno revela cómo el poder circula a través del discurso digital. Las publicaciones no solo convocan peleas; producen una realidad en la que la violencia adquiere legitimidad simbólica. Se configura un micro–régimen de verdad donde “ser valiente” equivale a participar en el enfrentamiento. El conocimiento circula como consigna y normaliza la agresión. El poder ya no es exclusivamente institucional; es reticular y viral.

  1. Ética y responsabilidad (Hans Jonas)

El principio de responsabilidad de Hans Jonas resulta central. Cuando la tecnología amplifica el alcance de las acciones, también amplifica sus consecuencias. Una pelea escolar ya no es un hecho local: puede viralizarse, dejar huella digital permanente y escalar en gravedad.

La ética del futuro exige preguntarse por el impacto a largo plazo en los menores involucrados: antecedentes penales, trauma psicológico, normalización de la violencia. El artículo muestra una reacción institucional orientada a prevenir daños mayores, pero también evidencia la fragilidad ética de un entorno digital donde la búsqueda de notoriedad supera la prudencia.

  1. Sistemas y complejidad (Luhmann y Morin)

Niklas Luhmann permite entender la situación como interacción entre sistemas autopoiéticos: el sistema educativo, el sistema mediático-digital y el sistema policial. Cada uno opera con su propia lógica. Las redes sociales priorizan visibilidad; la escuela busca orden formativo; la policía responde con control preventivo. El conflicto emerge cuando las dinámicas comunicativas digitales desbordan la capacidad reguladora del sistema escolar.

Edgar Morin subrayaría la necesidad de pensamiento complejo. Reducir el fenómeno a “violencia juvenil” es simplificador. Intervienen factores culturales, tecnológicos, psicológicos y sociales. La fragmentación del análisis impide soluciones integrales. Solo una mirada sistémica permite comprender la interacción entre identidad adolescente, reconocimiento social y arquitectura digital.

  1. Tecnología, transparencia y autoexplotación (Byung-Chul Han)

Byung-Chul Han describe la sociedad contemporánea como una cultura de la exposición. La grabación y difusión de las peleas responde a la lógica de visibilidad: existir es ser visto. La violencia se convierte en contenido. El rendimiento ya no es académico, sino performativo: acumular visualizaciones, notoriedad o reputación entre pares.

La autoexplotación aparece cuando los propios jóvenes se convierten en productores de su riesgo. No hay coerción externa evidente; el impulso nace del deseo de pertenencia y reconocimiento. La violencia es internalizada como forma de autopromoción.


OPORTUNIDADES Y RIESGOS

Oportunidades

El fenómeno revela la potencia organizativa de las redes juveniles. La capacidad de convocatoria demuestra habilidades comunicativas y de coordinación que, redirigidas, podrían emplearse en proyectos creativos, sociales o comunitarios. También abre un espacio para repensar la educación digital y fortalecer la alfabetización ética en entornos virtuales.

Riesgos

Los riesgos son múltiples: normalización de la violencia, escalada hacia daños graves, criminalización temprana de menores, reproducción de imaginarios de banda y consolidación de una cultura de espectáculo violento. Existe además el riesgo de respuestas exclusivamente punitivas que no aborden las causas estructurales.


CONCLUSIÓN

El fenómeno de las “School Wars” no es únicamente un problema disciplinario escolar, sino una manifestación de tensiones propias de la sociedad digital contemporánea. Expresa la convergencia entre deseo de reconocimiento, cultura de la viralidad y debilitamiento de mediaciones éticas.

Desde una perspectiva filosófica, se trata de un caso donde la creatividad juvenil se desvía hacia formas destructivas, el poder circula a través del discurso digital, la responsabilidad tecnológica se vuelve urgente y los sistemas sociales muestran su interdependencia.

La respuesta adecuada requiere integrar ética, educación, regulación tecnológica y comprensión compleja del entorno juvenil. Solo así la energía emergente podrá transformarse en construcción social en lugar de conflicto.