Las bajas por salud mental se ceban con los jóvenes: los procesos se duplican en 7 años y duran ya 80 días de media

Fuente y enlace 

Resumen del contenido

  • La AIReF identifica un aumento general de las bajas médicas tras la pandemia; dentro de ese fenómeno, las bajas por salud mental crecen de forma especialmente intensa en trabajadores jóvenes.

  • En 2024 se registran 203.130 bajas por patologías mentales y del comportamiento entre jóvenes, un 132% más que en 2017.

  • En el grupo 25–35 años, la incidencia alcanza 4,25 procesos por cada 1.000 trabajadores, la más alta por edad, superando a cohortes de mayor edad.

  • La incidencia en jóvenes es 44,5% superior a la del grupo 45–55 y 60% superior a la de mayores de 55; también supera a 35–45 (3,65).

  • Duración: los procesos por salud mental duran 79,47 días de media, casi un mes más que en 2017 (28,3 días más), y más que otras patologías.

  • Territorio: mayor incidencia en Cataluña (6,6), Canarias (6,5) y Navarra (6,4) por cada mil trabajadores; por debajo, Extremadura (2,8) y Castilla-La Mancha (1,9).

  • En duración hay contrastes: por ejemplo, Galicia (129,3 días) frente a Cataluña (62,9), Baleares (49,1) o Navarra (43,9).

Análisis filosófico por categorías

1) Creatividad y emergencia: Bergson y Whitehead

Desde Bergson, el incremento de bajas por salud mental en jóvenes puede leerse como un choque entre la duración vivida, la continuidad de la experiencia psicológica, y la fragmentación que impone el tiempo laboral medible. Cuando el sufrimiento psíquico se convierte en episodio administrativo, la experiencia continua se traduce a unidades gestionables, con el riesgo de perder matices de la vivencia.

Con Whitehead, la realidad social se entiende como proceso. El sistema laboral-sanitario se reconfigura tras la pandemia y aparecen nuevas formas: más procesos, mayor duración, variaciones territoriales. Lo filosóficamente relevante no es solo el aumento, sino la emergencia de un patrón: la salud mental adquiere centralidad como modo de expresar tensiones del presente.

Lectura clave: el texto presenta la salud mental como un indicador de transformación de la experiencia social del trabajo, más que como un fenómeno aislado.

2) Disrupción y poder: Deleuze y Foucault

En clave deleuziana, el aumento entre jóvenes puede interpretarse como una línea de fuga: no necesariamente evasión, sino un desplazamiento por el que el cuerpo-mente interrumpe una continuidad productiva cuando las condiciones dejan de ser habitables. El hecho de que el crecimiento sea más rápido en jóvenes sugiere una diferencia generacional en la relación con el trabajo y con los umbrales de tolerancia al malestar.

Foucault permite ver el encuadre del texto como parte de un régimen de verdad. La baja por salud mental aparece como objeto cuantificable: incidencia por 1.000, duración media, ranking autonómico. Ese discurso estadístico construye qué cuenta como problema y qué soluciones parecen plausibles: gestión, control, coordinación. Cuando el debate se articula en términos de deficiencias estructurales y prolongaciones innecesarias, puede activarse una semántica de supervisión que desplaza el foco desde el cuidado hacia el control.

Riesgo discursivo: que el malestar quede traducido principalmente a costes, duraciones y eficiencia, y que la gobernanza se oriente a normalizar conductas más que a transformar causas.

3) Ética y responsabilidad: Hans Jonas

Desde Jonas, el punto crítico es la responsabilidad institucional ante consecuencias a largo plazo. Si las bajas por salud mental en jóvenes se duplican en siete años y se alargan hasta rondar los 80 días, el problema no es solo coyuntural, sino de futuro social: trayectorias laborales, sostenibilidad del sistema, bienestar intergeneracional.

La ética del futuro exige preguntar qué políticas reducen el daño sin convertir a los jóvenes en casos sospechosos, y cómo equilibrar sostenibilidad económica con una obligación de cuidado que no estigmatice.

Criterio jonasiano: actuar con prudencia cuando el impacto futuro es alto, evitando soluciones que arreglen cifras degradando dignidad o acceso al tratamiento.

4) Sistemas complejos: Luhmann y Morin

Luhmann ayuda a entender las diferencias autonómicas y de duración como producto de acoplamientos entre sistemas: sanitario, administrativo, laboral y mediático. El diagnóstico de fallas de coordinación sugiere una complejidad donde cada sistema opera con su lógica, generando fricciones que pueden prolongar procesos.

Morin refuerza la idea de que el fenómeno no se explica linealmente. Salud mental no es solo clínica; también involucra organización del trabajo, ritmos de vida, acceso a recursos, y variabilidad territorial. La combinación de alta incidencia con duraciones medias relativamente bajas en unos territorios, y duraciones muy largas en otros, apunta a un sistema donde incidencia y duración responden a mecanismos distintos: detección, cultura sanitaria, tiempos de atención, itinerarios terapéuticos, administración.

Lectura sistémica: el texto muestra síntomas cuantitativos; la explicación requiere mapear interdependencias, no solo contar casos.

5) Tecnología, transparencia y autoexplotación: Byung-Chul Han

Han permite leer el trasfondo cultural: el sujeto contemporáneo tiende a interiorizar la exigencia de rendimiento; el malestar aparece como cansancio, ansiedad y depresión, y la frontera entre autocuidado y autoexplotación se vuelve difusa. La presentación de rankings, duraciones y comparativas puede amplificar una lógica de transparencia que vuelve el sufrimiento legible como métrica.

Tensión central: visibilizar el problema, lo cual es necesario, sin convertirlo en un objeto de vigilancia o en un marcador de rendimiento, lo que puede retroalimentar estigma o presión.

Oportunidades y riesgos

Oportunidades

  • Visibilización informada: el texto aporta datos por edad y territorio que permiten discutir el fenómeno sin reducirlo a anécdotas.

  • Apertura a políticas de cuidado: al mostrar crecimiento y duración, se fortalece la justificación pública para prevención, atención temprana y reintegración saludable.

  • Enfoque de sistema: el marco institucional invita a soluciones no meramente individuales.

Riesgos

  • Reduccionismo gerencial: el encuadre puede deslizarse hacia control de duraciones y costes, debilitando el reconocimiento del sufrimiento como realidad humana no plenamente cuantificable.

  • Estigmatización generacional: el énfasis en que el fenómeno afecta a jóvenes puede fijar una imagen de fragilidad en vez de abrir preguntas sobre condiciones estructurales del trabajo y la vida social.

  • Ceguera causal: la variación territorial y el aumento se describen con fuerza, pero la causalidad queda abierta; sin perspectiva compleja, el debate público puede caer en explicaciones simples, moralizantes o puramente economicistas.

Conclusión

El texto presenta un fenómeno cuantitativamente claro: las bajas por salud mental crecen con especial intensidad en jóvenes (especialmente 25–35 años), sus procesos son largos y existe una geografía desigual de incidencia y duración.

Filosóficamente, puede leerse como conflicto entre experiencia vivida y temporalidad productiva, reconfiguración del poder a través de métricas y gestión del malestar, un imperativo ético de responsabilidad intergeneracional en políticas públicas, y un caso de complejidad institucional donde la solución exige coordinación y lectura sistémica, con un trasfondo cultural de rendimiento y autoexplotación.

El desafío normativo es equilibrar sostenibilidad y eficiencia con un enfoque de cuidado que no patologice ni sospeche del paciente. La oportunidad es que la evidencia presentada permita pasar de la alarma a intervenciones preventivas y organizacionales que reduzcan sufrimiento y cronificación.