Los ejércitos de 'bots' que suplantan a personas en las redes para influir en lo que votas

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INTRODUCCIÓN: RESUMEN Y CONTEXTO

El artículo analiza cómo la inteligencia artificial (IA) está transformando el ecosistema digital y, con ello, las dinámicas democráticas. Se expone que la IA no solo actúa como herramienta técnica, sino como infraestructura que organiza la información, filtra contenidos y condiciona la visibilidad de discursos en Internet. El texto aborda la influencia de algoritmos en la opinión pública, la circulación de noticias, la desinformación y la concentración de poder en grandes plataformas tecnológicas.

Los actores principales implicados son:

  • Empresas tecnológicas desarrolladoras de IA.

  • Plataformas digitales que distribuyen información.

  • Gobiernos y sistemas democráticos.

  • Ciudadanos como consumidores y productores de contenido.

El núcleo del texto gira en torno a una tensión: la IA como instrumento de eficiencia y progreso frente a su potencial impacto en la deliberación pública y la calidad democrática.


ANÁLISIS FILOSÓFICO


1. Creatividad y Emergencia (Bergson – Whitehead)

Desde la perspectiva de Henri Bergson, la IA puede entenderse como una extensión del élan vital humano: un impulso creativo que produce nuevas formas de organización del conocimiento. Sin embargo, la automatización algorítmica fragmenta la experiencia en datos cuantificables, lo que contrasta con la idea bergsoniana de duración, entendida como continuidad viva y cualitativa.

En términos de Alfred North Whitehead, la realidad es proceso. La IA se inserta en ese flujo como una entidad que reorganiza relaciones entre información, usuarios y poder. El artículo muestra cómo el ecosistema digital es dinámico y emergente. No obstante, surge la pregunta whiteheadiana: ¿existe armonía entre innovación tecnológica y estabilidad democrática, o la aceleración tecnológica desborda la capacidad institucional de adaptación?

La creatividad algorítmica no es neutra: produce configuraciones nuevas del espacio público. La cuestión central es si estas configuraciones enriquecen la pluralidad o la reducen.


2. Disrupción, Poder y Discurso (Deleuze – Foucault)

Desde Gilles Deleuze, la IA representa una “línea de fuga” respecto a las estructuras tradicionales de mediación (periodismo clásico, deliberación institucional). Sin embargo, esa ruptura puede devenir en una nueva forma de control, donde el algoritmo sustituye al editor humano.

La lectura foucaultiana resulta especialmente pertinente. Para Michel Foucault, poder y conocimiento están imbricados. Los algoritmos no solo distribuyen información: producen regímenes de verdad. Determinan qué aparece primero, qué se invisibiliza y qué narrativas adquieren legitimidad.

El artículo sugiere que la IA reconfigura el campo discursivo democrático:

  • Define prioridades informativas.

  • Personaliza la realidad.

  • Crea burbujas cognitivas.

Así, el poder ya no se ejerce únicamente desde el Estado o los medios tradicionales, sino desde infraestructuras técnicas opacas.


3. Ética y Responsabilidad (Hans Jonas)

Desde el principio de responsabilidad de Hans Jonas, el desarrollo de IA aplicada a la esfera pública exige considerar efectos a largo plazo sobre la democracia.

El artículo plantea riesgos como:

  • Manipulación informativa automatizada.

  • Amplificación de desinformación.

  • Pérdida de autonomía deliberativa.

Jonas insistiría en que cuanto mayor es el poder tecnológico, mayor debe ser la responsabilidad anticipatoria. La IA amplifica la capacidad de intervención sobre la opinión pública; por tanto, su diseño y regulación deben orientarse a preservar la dignidad y libertad de futuras generaciones.


4. Sistemas Complejos y Comunicación (Luhmann – Morin)

Para Niklas Luhmann, el sistema mediático es autopoiético: se reproduce mediante comunicación. La IA se convierte en parte del sistema, modificando sus reglas internas. Ya no solo comunica, sino que selecciona qué se comunica.

Desde Edgar Morin, el fenómeno debe entenderse como sistema complejo donde tecnología, economía, política y cultura interactúan. El artículo apunta a esta interconexión, pero el desafío filosófico es evitar una lectura fragmentada: la IA no es solo tecnología, sino nodo en una red de intereses económicos y dinámicas sociales.

La complejidad implica incertidumbre. La democracia digital no puede analizarse linealmente; requiere visión sistémica.


5. Tecnología, Transparencia y Autoexplotación (Byung-Chul Han)

La crítica de Byung-Chul Han resulta particularmente relevante. En la era digital:

  • La transparencia se convierte en exigencia constante.

  • El individuo se expone voluntariamente.

  • La información se convierte en capital.

La IA intensifica la lógica de optimización y rendimiento. La democracia corre el riesgo de transformarse en un sistema de gestión de datos más que en un espacio deliberativo. La saturación informativa puede generar superficialidad, reduciendo el debate público a métricas de interacción.

La influencia algorítmica no es visible como censura explícita; opera como suavización y modelado conductual.


OPORTUNIDADES Y RIESGOS

Oportunidades

  • Mayor acceso a información.

  • Automatización de procesos democráticos.

  • Detección de patrones de desinformación.

  • Ampliación de participación digital.

Riesgos

  • Concentración de poder en plataformas tecnológicas.

  • Opacidad algorítmica.

  • Polarización y fragmentación del espacio público.

  • Erosión de la deliberación racional.


CONCLUSIÓN

El artículo expone una transformación estructural: la IA no es solo herramienta, sino infraestructura de la democracia digital. Desde una perspectiva filosófica, el fenómeno implica:

  • Una reconfiguración creativa del espacio público (Bergson, Whitehead).

  • Una nueva articulación entre poder y conocimiento (Foucault).

  • Una exigencia ética de responsabilidad anticipatoria (Jonas).

  • Una complejidad sistémica que supera análisis lineales (Luhmann, Morin).

  • Una intensificación de la lógica de rendimiento y transparencia (Byung-Chul Han).

La cuestión central no es si la IA influye en la democracia —eso ya ocurre— sino cómo orientar esa influencia hacia la pluralidad, la deliberación y la preservación de la autonomía humana.

La tecnología redefine el marco, pero la responsabilidad sigue siendo humana.