Introducción breve
El texto es una columna de opinión de Rafael Narbona, publicada el 21 de marzo de 2026. Su tesis central es que el ascenso de figuras como Donald Trump, Javier Milei, Vladímir Putin y ciertos liderazgos españoles expresa no una simple radicalización conservadora, sino una deriva hacia formas contemporáneas de fascismo, reconocibles por el culto a la personalidad, la apelación mesiánica al líder y la promesa de orden en contextos de crisis.
Identificación del contexto del texto
El tema central es el avance internacional de liderazgos autoritarios y ultraderechistas. Los actores principales mencionados son Trump, Milei, Putin, José María Aznar e Isabel Díaz Ayuso. El artículo construye una interpretación política y moral: estos liderazgos serían eficaces no por su racionalidad, sino por su capacidad de fascinar a sociedades atravesadas por incertidumbre, frustración y deseo de protección simbólica. El texto pertenece al género opinativo, por lo que no se limita a informar, sino que interpreta y advierte. Su contexto es el de una crisis de legitimidad de las democracias liberales, acompañada por polarización, desafección institucional y una creciente aceptación social de discursos autoritarios.
En términos sintéticos, el artículo sostiene que el fascismo no reaparece hoy con la misma estética del siglo XX, pero sí con rasgos equivalentes: liderazgo carismático, exaltación de la fuerza, simplificación de los conflictos, demonización del adversario y normalización del desprecio hacia los límites democráticos.
Análisis filosófico
Creatividad y emergencia: Bergson y Whitehead
Desde Bergson, el texto puede leerse como una descripción de una intuición colectiva deformada. En vez de un impulso vital abierto a la creación de formas más ricas de convivencia, aparece una energía social capturada por figuras que canalizan el malestar hacia soluciones regresivas. El artículo sugiere que hay una movilización afectiva intensa, pero esa movilización no crea futuro; más bien recicla mitos de grandeza, orden y obediencia. La creatividad política queda sustituida por la repetición de esquemas autoritarios.
Desde Whitehead, el problema radica en una ruptura de la armonía entre novedad y continuidad. Toda sociedad necesita transformación, pero esa transformación solo es fecunda si integra complejidad. El fascismo, tal como lo presenta el artículo, no procesa complejidad: la aplasta. Reduce la realidad a oposiciones simples, transforma el conflicto en enemistad absoluta y convierte el cambio en restauración violenta. Ontológicamente, se trata de una forma empobrecida del proceso político: no amplía relaciones, las clausura.
Disrupción, diferencia y poder: Deleuze y Foucault
Con Deleuze, el texto muestra una falsa disrupción. Muchos de estos líderes se presentan como antisistema, transgresores o portadores de una ruptura con lo establecido. Sin embargo, esa ruptura no abre líneas de fuga emancipadoras, sino que recompone formas rígidas de jerarquía, nacionalismo y obediencia. No hay devenir creativo, sino reterritorialización del miedo. Lo que parece novedad política es, en realidad, una reorganización reactiva del poder.
Con Foucault, el artículo puede analizarse como una crítica de los regímenes de verdad que hacen posible la normalización autoritaria. El fascismo contemporáneo no solo depende de líderes fuertes, sino de discursos que redefinen qué puede aceptarse como verdadero, razonable o necesario. Se instala una gramática de legitimación donde la crueldad se vuelve franqueza, la intolerancia se convierte en valentía y el desprecio institucional aparece como autenticidad. El texto denuncia precisamente este desplazamiento discursivo: el poder no opera solo mediante coerción, sino moldeando percepciones y hábitos de juicio.
Ética y responsabilidad: Hans Jonas
Desde Hans Jonas, el artículo activa una lectura de responsabilidad histórica. Si los discursos autoritarios ganan terreno, la cuestión ética no consiste solo en describirlos, sino en pensar sus consecuencias futuras. Jonas obliga a preguntar: ¿qué tipo de mundo se está preparando cuando se banaliza el culto al líder, el desprecio por la democracia plural y la eliminación simbólica del adversario? El principio de responsabilidad exige anticipar daños irreversibles, incluso cuando aún no se han consumado plenamente. En este sentido, el texto funciona como advertencia ética: no esperar a que el desastre se consolide para reconocer sus signos.
Sistemas complejos: Luhmann y Morin
Desde Luhmann, puede observarse que el ascenso de estos liderazgos no depende únicamente de individuos, sino de sistemas sociales que facilitan su reproducción: medios de comunicación, redes digitales, partidos, economías de atención y circuitos de escándalo. El liderazgo autoritario prospera porque encuentra entornos comunicativos que simplifican mensajes, maximizan visibilidad y premian la polarización. El artículo apunta a figuras concretas, pero filosóficamente conviene ampliar la mirada al sistema de comunicación que hace posible su estabilización.
Morin permite profundizar esta idea: el fenómeno no debe entenderse de forma aislada ni monocausal. Crisis económica, ansiedad cultural, desinformación, debilitamiento institucional, transformación tecnológica y memoria histórica erosionada interactúan entre sí. El valor del texto está en señalar una tendencia global, pero su límite reside en que privilegia el diagnóstico moral sobre un análisis plenamente complejo de las mediaciones estructurales. Aun así, su fuerza filosófica radica en recordar que el autoritarismo no es una anomalía externa al sistema, sino una posibilidad interna de sociedades complejas en crisis.
Tecnología, transparencia y autoexplotación: Byung-Chul Han
Desde Byung-Chul Han, el artículo puede releerse en relación con el agotamiento de la cultura democrática en la era digital. El nuevo autoritarismo no siempre se impone contra la libertad; a menudo se alimenta de una subjetividad cansada, saturada y deseosa de simplificación. En contextos de hiperexposición informativa, aceleración y ansiedad, el líder autoritario ofrece claridad, identidad y dirección. La seducción fascista aparece así vinculada no solo a ideologías duras, sino también a una psicopolítica del cansancio.
Han también ayuda a entender cómo la transparencia y la exposición permanente favorecen estilos de liderazgo performativo. El poder deja de presentarse como institucionalidad reflexiva y se vuelve presencia inmediata, emocional, visible. El líder triunfa porque ocupa el espacio afectivo antes que el espacio argumentativo. El artículo sugiere esta intuición al mostrar cómo ciertos dirigentes actúan más como focos de fascinación que como administradores racionales.
Lenguaje, esfera pública y hegemonía: Wittgenstein, Habermas y Gramsci
Desde Wittgenstein, el problema es también lingüístico. El fascismo contemporáneo modifica los juegos de lenguaje de la democracia: lo intolerable empieza a decirse con naturalidad; la agresión se normaliza; la exclusión se formula como sentido común. Cambiar el lenguaje es cambiar el umbral de lo pensable y lo decible. El artículo registra ese desplazamiento al insistir en que ciertos signos ya no deben minimizarse.
Habermas permite valorar el deterioro de la esfera pública. Cuando la discusión racional es sustituida por adhesión emocional, propaganda identitaria y deslegitimación del otro, la democracia pierde su base comunicativa. El texto es, en ese sentido, una defensa indirecta de la deliberación democrática frente a su colonización por lenguajes de guerra cultural.
Gramsci resulta especialmente pertinente: el nuevo fascismo no avanza solo por imposición, sino por hegemonía cultural. Logra instalar marcos de interpretación que presentan el autoritarismo como realismo, la dureza como lucidez y la desigualdad como mérito. El artículo identifica esta lucha por el sentido común, aunque lo hace desde un tono de alarma más que desde una teoría desarrollada de la hegemonía.
Oportunidades y riesgos
La principal oportunidad del texto es su capacidad de nombrar un peligro que con frecuencia se relativiza. Filosóficamente, aporta una función de alerta: recordar que las democracias pueden degradarse desde dentro y que el autoritarismo puede presentarse bajo formas nuevas, electoralmente legitimadas y culturalmente seductoras. También ofrece una lectura moral del presente que impide banalizar ciertos discursos.
El principal riesgo del texto es la posible ampliación excesiva del concepto de fascismo. Si todo liderazgo autoritario, populista o reaccionario se define directamente como fascista, puede perderse precisión analítica. Eso debilita el diagnóstico, porque no toda radicalización de derecha es idéntica en estructura, intensidad o finalidad histórica. Además, el artículo enfatiza a los líderes y sus perfiles psicológicos, pero desarrolla menos las condiciones sistémicas que explican su éxito. Desde la filosofía de la complejidad, ese punto requeriría mayor elaboración.
Otro riesgo es que la denuncia, aunque éticamente necesaria, no siempre produce comprensión suficiente. El lector puede captar el peligro sin entender del todo los mecanismos que lo vuelven socialmente aceptable. Por eso, el valor del texto aumenta cuando se complementa con análisis de medios, economía política, subjetividad digital y transformación cultural.
Conclusión
El artículo presenta una advertencia fuerte: el mundo contemporáneo estaría desplazándose hacia formas renovadas de fascismo, menos definidas por la estética histórica del siglo XX que por la combinación de liderazgo carismático, simplificación extrema, normalización de la crueldad y erosión del pluralismo democrático. Desde Bergson y Whitehead, aparece una crisis de la creatividad política y de la armonía social; desde Deleuze y Foucault, una captura reactiva de la diferencia y una reconfiguración de los regímenes de verdad; desde Jonas, una exigencia de responsabilidad ante las consecuencias futuras; desde Luhmann y Morin, una dinámica sistémica compleja; y desde Byung-Chul Han, una relación estrecha entre cansancio social, exposición digital y deseo de autoridad.
En conjunto, el texto es filosóficamente valioso como intervención crítica y señal de alarma. Su mayor aporte es impedir la indiferencia ante la reaparición de lógicas autoritarias. Su límite principal es que su fuerza moral supera a veces su precisión conceptual. Aun así, deja una conclusión nítida: cuando una sociedad comienza a admirar la brutalidad, a trivializar la exclusión y a pedir salvación en figuras providenciales, no se encuentra ante una simple variación ideológica, sino ante una transformación profunda de sus fundamentos éticos, políticos y simbólicos.