La universidad para mayores, en auge: más de 44.700 alumnos y más demanda de la que puede admitir

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Introducción breve

El artículo analiza el auge de las universidades para mayores en España: más de 44.700 alumnos, alta demanda, listas de espera y una visión de la jubilación como etapa activa, formativa, social y creativa. También subraya límites estructurales: falta de financiación, capacidad insuficiente y necesidad de reconocimiento público.

Identificación del contexto

El tema central es la transformación de la vejez en “longevidad activa”. Los actores principales son las personas mayores, las universidades, AEPUM, administraciones públicas y entidades privadas. El texto desplaza la idea de jubilación como cierre vital hacia una concepción de autonomía, aprendizaje continuo, socialización y salud.

Análisis filosófico

Creatividad y emergencia: Bergson y Whitehead

Desde Bergson, estos programas expresan un impulso vital: la vida no se agota con la jubilación, sino que continúa como duración abierta, experiencia y creación. La formación en arte, música, teatro o contenidos digitales muestra que la vejez puede ser una etapa de invención, no solo de conservación.

Con Whitehead, la universidad para mayores aparece como proceso: integra pasado, presente y futuro en una nueva armonía social. No se trata solo de aprender contenidos, sino de reorganizar la vida cotidiana mediante nuevas relaciones, ritmos y posibilidades.

Disrupción y poder: Deleuze y Foucault

Desde Deleuze, el artículo abre una “línea de fuga” frente al modelo tradicional que identifica jubilación con retirada, pasividad o dependencia. La persona mayor deja de ser definida por la pérdida y pasa a ser pensada como sujeto en devenir.

Desde Foucault, el texto disputa un régimen de verdad sobre la vejez. Frente al discurso asistencialista, propone otro discurso: la longevidad como autonomía, competencia y participación. Sin embargo, también revela una relación de poder: sin financiación pública suficiente, el acceso queda limitado por la capacidad institucional.

Ética y responsabilidad: Hans Jonas

El artículo plantea una responsabilidad social hacia el futuro de una población longeva. Si la vida posterior a la jubilación puede durar 30 o 35 años, las instituciones deben anticipar sus efectos educativos, sanitarios y comunitarios. La falta de apoyo no es solo un problema administrativo, sino ético: reduce oportunidades de autonomía y bienestar.

Sistemas complejos: Luhmann y Morin

Desde Luhmann, las universidades para mayores funcionan como sistemas comunicativos que generan redes, identidad y pertenencia. No solo transmiten conocimiento: producen vínculos sociales que combaten el aislamiento.

Desde Morin, el fenómeno exige pensamiento complejo: educación, salud, envejecimiento, tecnología, género, economía pública y socialización están conectados. El texto acierta al no reducir el aprendizaje sénior a ocio, sino al presentarlo como parte de un ecosistema de bienestar.

Tecnología, transparencia y autoexplotación: Byung-Chul Han

La brecha digital aparece como condición de autonomía. En clave de Byung-Chul Han, la inclusión tecnológica puede liberar de la dependencia, pero también introduce a los mayores en una sociedad digital exigente, acelerada y transparente. El riesgo es convertir la autonomía en obligación permanente de adaptación.

Oportunidades y riesgos

Oportunidades: resignificar la vejez, fortalecer redes sociales, reducir aislamiento, fomentar creatividad, mejorar salud física y psicológica, y ampliar la función social de la universidad.

Riesgos: falta de financiación, listas de espera, desigualdad territorial, dependencia de matrículas o subvenciones, posible exclusión de quienes no pueden pagar o acceder, y visión utilitarista que justifique estos programas solo por ahorro sanitario.

Conclusión

El artículo presenta la universidad para mayores como una institución clave para repensar la longevidad. Filosóficamente, desplaza la vejez desde la pérdida hacia el devenir, la creatividad y la autonomía. Su principal hallazgo conceptual es mostrar que aprender en la vejez no es una actividad secundaria, sino una forma de justicia social, salud comunitaria y continuidad vital.