Introducción
El artículo presenta una reflexión de la psicóloga Beatriz Titos sobre una experiencia que muchos pacientes relatan: «Desde que voy a terapia, no soporto a la gente». Según Titos, no se trata de un repentino hartazgo hacia el otro, sino de que, en verdad, hasta ese momento la persona no había puesto límites firmes en sus relaciones. Cuando empieza a cuidarse, fijar límites y priorizar su bienestar emocional, se da cuenta de que ciertas relaciones estaban desequilibradas, que quizá eran manipulativas o que la persona había cedido voz y voto. Esto puede llevar a que la otra parte se moleste porque ya no «puede aprovecharse tanto».
El texto reflexiona sobre los vínculos, la autonomía personal, el crecimiento emocional y la redefinición de las relaciones. A continuación lo analizamos desde varias perspectivas filosóficas.
Análisis filosófico
Creatividad (Henri Bergson, Alfred North Whitehead)
En la visión de Bergson y Whitehead, la creatividad es un devenir, una apertura hacia lo nuevo, la capacidad de generar formas. Aquí podemos vincularlo con el proceso de autoconocimiento que describe Titos: la persona “se abre”, empieza a distinguir qué relaciones le sirven y cuáles no, lo cual es un acto creativo de redefinición de su vida social. El acto de poner límites no es meramente defensivo, sino creativo: reconfigura el propio espacio relacional.
Así, el sujeto deja de vivir meramente por reacción a los otros y empieza a producir su propio campo de relaciones. En ese sentido, la terapia (o el crecimiento personal) funciona como estímulo para la emergencia de nuevas formas de vinculación, nuevas maneras de estar en el mundo.
Disrupción o poder (Gilles Deleuze, Michel Foucault)
Desde la óptica deleuziana–foucaultiana, podemos ver en este fenómeno una ruptura con los regímenes de poder relacional. Cuando alguien no pone límites, está en una posición de menor poder: es sujeto que se adapta al otro, concede concesiones, quizá es “manipulado”. Al reconocer su valor propio y establecer límites, se produce una disrupción del orden relacional previo. Se transforma la dinámica de poder: ya no soy terreno de conquista del otro, sino actor con voz.
Foucault nos recordaría que el poder no es solo coerción explícita sino redes de relaciones: la dependencia emocional, la complacencia, la pasividad pueden ser formas de poder del otro sobre uno. Al poner límites emerge un nuevo equilibrio (o desequilibrio) en la relación. Y Deleuze enfatizaría la singularidad de esta transformación: cada sujeto es un acontecimiento, una línea de fuga que huye de lo familiar, lo repetido.
Por tanto, el acto de “ya no tolerar lo que antes tolerabas” es un acto de insurrección contra un modo de ser pasivo. Es una reconfiguración del “campo de relaciones sociales” donde emergen nuevas micropolíticas del vínculo.
Ética y responsabilidad (Hans Jonas)
La ética de Hans Jonas habla de la responsabilidad ante el futuro, ante el otro, ante uno mismo. En este contexto, el sujeto responsable no es aquel que se sacrifica sin límite, sino aquel que asume su existencia como fin en sí mismo y establece límites para no instrumentalizarse ni dejarse instrumentalizar. Al establecer límites, la persona asume responsabilidad por su bienestar y por el cuidado del otro en un modo equilibrado.
Asimismo, emerge una ética del vínculo: no todas las relaciones que se denominan “amistad”, “cariño” o “amor” tienen por qué ser auténticas si implican la erosión de uno mismo. En este sentido, Titos plantea una forma ética de decidir con quién vincularse, basada en reciprocidad, respeto y reconocimiento de la alteridad.
Sistemas complejos (Niklas Luhmann, Edgar Morin)
Desde la teoría de sistemas de Luhmann, las relaciones sociales pueden verse como sistemas funcionalmente diferenciados, con fronteras, límites y flujos de comunicación. Cuando uno no pone límites, se convierte en una especie de “puerta abierta”, y el sistema personal se disuelve en la lógica de otro. Al fijar límites, se reafirma la autorreferencia del sistema personal (yo como sistema) y se regula la comunicación con otros sistemas (amistades, familia, trabajo).
Morin nos recordaría que los sistemas son complejos, que contienen imprevisibilidad y que sus dinámicas nunca son lineales. El crecimiento personal descrito en el artículo es un proceso complejo: establecer límites provoca tensiones, rupturas, reconfiguraciones de vínculos que pueden generar resistencia y nueva ordenación del sistema relacional.
Tecnología, transparencia, autoexplotación (Byung‑Chul Han)
Aunque no directamente tecnológico, el fenómeno de “me doy cuenta de que ya no tolero lo que antes toleraba” puede relacionarse con las ideas de Byung‑Chul Han sobre la autoexplotación, la hipertransparencia y las relaciones mediadas por la exigencia de disponibilidad. En una cultura donde se espera que uno esté siempre ahí, que sea complaciente, que absorba las demandas del otro, el no poner límites se convierte en autoexplotación emocional.
Cuando alguien empieza a decir “no”, “hasta aquí”, se fuga de ese imperativo de rendimiento afectivo. Es una rebelión contra la lógica de servicio incondicional al otro y al sistema social que lo demanda, una recuperación de la autonomía frente a la vigilancia implícita de ser siempre útil, siempre dispuesto.
Identificación de oportunidades y riesgos
Oportunidades:
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El artículo abre la reflexión sobre la importancia de los límites personales para el bienestar emocional.
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Fomenta la conciencia de que algunas relaciones pueden ser insanas sin que lo advirtamos.
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Invita a una ética del cuidado propio como condición para el cuidado del otro.
Riesgos:
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Podría interpretarse que “no tolerar a la gente” es sinónimo de rechazo social, cuando el verdadero mensaje es diferenciar vínculos. Hay riesgo de polarización interpersonal.
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Existe el sesgo de que toda relación pasada sin límites fue manipuladora; puede simplificar la complejidad de vínculos humanos.
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Éticamente podría surgir una negligencia del otro: poner límites es sano, pero no debe conducir a la indiferencia o al aislamiento relacional.
Conclusión
El artículo de Beatriz Titos propone un desplazamiento: no se trata simplemente de “no soportar a la gente” sino de reconocer que la falta de límites permitió relaciones desequilibradas. Desde una mirada filosófica, vemos que este proceso es creativo, disruptivo, ético, sistémico y vinculado a las dinámicas de autoexplotación contemporáneas.
La persona que decide cuidar de sí misma e instaurar límites redefine su identidad relacional y rompe con regímenes de poder interpersonal. Al hacerlo, se activa una responsabilidad: por sí misma, por su vida afectiva, por sus relaciones. Pero también se adentra en la complejidad de los vínculos humanos, donde no hay recetas universales.
En definitiva, el crecimiento personal no es aislamiento sino reconfiguración del tejido relacional: no se trata de soportar a “la gente”, sino de decidir con quién y cómo estar. Este tránsito abre oportunidades pero también plantea desafíos éticos y existenciales.