Este experto en democracia de Stanford te explica por qué ahora puede desaparecer

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Introducción breve

El artículo que compartes recoge una entrevista al historiador Josiah Ober, profesor de la Stanford University y especialista en la democracia de la antigua Grecia, galardonado recientemente con el Premio Balzan. A través de su perspectiva sobre el pasado clásico, Ober plantea una alerta: la democracia —tal como la concebimos— corre riesgos serios hoy. El artículo plantea por qué la democracia ateniense funcionó, cómo desapareció, y qué lecciones puede aportar al presente.

Tema central y actores involucrados

  • Tema central: la fragilidad de la democracia contemporánea, entendida a la luz del modelo clásico de la democracia ateniense, y los factores históricos, económicos y sociales que pueden conducir a su declive o desaparición.

  • Actor principal: Josiah Ober —como historiador, teórico político y experto en democracia clásica.

  • Contexto actual: crisis de legitimidad, desigualdades económicas crecientes, concentraciones de poder (por ejemplo tecnológica o elitista), y el auge de líderes populistas y demagogos. 


Contenido — puntos relevantes para el análisis filosófico

  • La democracia ateniense funcionó gracias a una combinación de participación directa ciudadana (asamblea), deliberación pública, y un sistema de selección al azar para cargos de representación —una estructura que minimizaba el poder de las élites.

  • Ese sistema implicaba oradores capaces de dirigirse al cuerpo ciudadano convenciéndolo con argumentos públicos, no con privilegios ni manipulaciones; su legitimidad derivaba de su alineamiento con los intereses comunes. 

  • La igualdad era teórica: había ricos y pobres; pero los ricos cargaban con el peso fiscal, lo que permitía cierto equilibrio social y servicios públicos que beneficiasen al conjunto. 

  • La desaparición de esa democracia no fue inmediata tras derrotas militares: persistió durante un tiempo bajo dominio macedonio, y finalmente colapsó ante la estructura jerárquica, centralizada y tributaria del Imperio Romano.

  • Ober sugiere que la idea de democracia, una vez desarrollada, tiene capacidad de renacer, aunque su supervivencia depende de estructura social, distribución de poder y del compromiso ciudadano.

  • Pero advierte: desigualdad económica radical, concentración de poder —por ejemplo en élites tecnológicas o políticas—, la manipulación mediática/retórica, y la apatía cívica, constituyen riesgos reales para la democracia actual.


Análisis filosófico desde varios marcos

Creatividad (desde Henri Bergson / Alfred North Whitehead)

La democracia ateniense representa una realización creativa del vivir social: no fue un sistema dado, sino una invención humana inédita. Su estructura participativa y deliberativa abría espacios de acción colectiva, de creatividad política y de autogobierno —es decir, de construcción colectiva del futuro. Ese tipo de creatividad colectiva es esencial para que una comunidad se reconfigure constantemente, respondiera a retos, y generase nuevas formas de convivencia.

Disrupción y poder (visión de Gilles Deleuze / Michel Foucault)

La democracia ateniense rompió con las lógicas de poder jerárquicas y centralizadas. Fue una disrupción radical del poder hereditario o divino. Pero también dependía de condiciones históricas específicas: sin ellas, el experimento quedaba vulnerable. Hoy, las concentraciones de poder en élites políticas, tecnológicas o económicas pueden reinstaurar lógicas de dominación, aunque con apariencias democráticas: la retórica, los medios y tecnologías modernas pueden ser instrumentos de manipulación. Aquí reaparece la preocupación foucaultiana por el poder como red, como microfísica, capaz de colonizar la esfera pública.

Ética y responsabilidad (inspirado en Hans Jonas)

Para que la democracia sobreviva, no basta con instituciones formales: requiere ciudadanos responsables, con conciencia de su deber social. Jonas instaría a considerar la responsabilidad intergeneracional: la democracia no es sólo para el presente, sino para preservar la posibilidad de libertad y dignidad en el futuro. Ober lo revela: la apatía, la desigualdad extrema, la impunidad de las élites, minan la base ética de la democracia y pueden llevar a su descomposición.

Sistemas complejos (perspectiva de Niklas Luhmann / Edgar Morin)

Una democracia moderna no es una estructura simple: es un sistema complejo, con múltiples subsistemas (económico, legal, mediático, cultural, tecnológico). Su estabilidad depende de interdependencias equilibradas: participación ciudadana, información fiable, distribución de recursos, instituciones robustas. Cuando una variable se distorsiona —ejemplo: desigualdad, concentración de poder— todo el sistema político puede colapsar. Esto coincide con la idea de Morin de la complejidad social: no hay soluciones simples, sino redes de relaciones que deben gestionarse con consciencia sistémica.

Tecnología, transparencia y autoexplotación (visión de Byung-Chul Han)

Ober advierte que las élites tecnológicas —por ejemplo de Silicon Valley— tienden a concebir la sociedad como un problema de ingeniería, desconociendo la profundidad de la dimensión social, ética e histórica. Desde la mirada de Byung-Chul Han, la tecnología puede contribuir a la automatización de decisiones, a la alienación, a la homogenización del discurso público: esto mina la deliberación genuina y la autogobernabilidad. Una democracia real exige transparencia, pluralismo informativo, ciudadanía crítica — condiciones que pueden erosionarse con la tecnocracia y la autoexplotación comunicativa.


Oportunidades y riesgos — lo que la reflexión de Ober concede

Oportunidades / aportes

  • Recuperar el valor de la democracia como ejercicio activo de ciudadanía, no mera representación pasiva.

  • Revalorizar la deliberación, la participación y la igualdad cívica como fundamentos éticos y políticos.

  • Conscientizar sobre la necesidad de equilibrar desigualdad económica y poder, para preservar la legitimidad democrática.

  • Promover una ciudadanía educativa, crítica, informada, capaz de desenmascarar demagogias.

Riesgos / problemas potenciales

  • El colapso de la democracia ante desigualdades extremas, concentración de poder, manipulación mediática.

  • La tecnocracia y la despolitización: ver la política como ingeniería, no como espacio de decisiones compartidas.

  • La fragilidad de las instituciones democráticas si no se sostienen con cultura cívica, ética y participación real.

  • La ilusión de democracia cuando, en realidad, domina una élite económicamente poderosa con intereses propios.


Conclusión: una advertencia cargada de sentido y vigencia

El análisis de Josiah Ober —y su vuelta al modelo ateniense— funciona como una advertencia filosófica: la democracia no es garantizada, no es un legado inamovible. Es resultado de decisiones históricas, de estructuras sociales concretas, de ciudadanos comprometidos. Desde múltiples enfoques filosóficos —ética, complejidad, poder, creatividad— se revela que la democracia necesita condiciones específicas para sobrevivir: igualdad económica moderada, instituciones robustas, educación cívica, información plural, y una ciudadanía activa. En su ausencia, la democracia puede degradarse o desaparecer, incluso sin golpes de Estado explícitos. Pero si cuidamos esos fundamentos, la idea de autogobierno colectivo sigue siendo posible, y necesaria.