Introducción breve
El artículo informa de un dato alarmante: en la ciudad de Barcelona, el 72,3 % de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia machista en algún momento de su vida, y en torno al 31 % han vivido episodios catalogados como «muy graves».
Se informa además que el consistorio local va a destinar 7,7 millones de euros para 2026 a una estrategia integral (2025‑2030) para prevenir, detectar y erradicar estas violencias.
Se mencionan cuatro ejes de actuación: prevención, atención, conocimiento y alianzas feministas.
Se plantea que es necesario abordar nuevas formas y ámbitos de violencia: digital, vicaria, institucional.
Análisis filosófico
Creatividad (Henri Bergson, Alfred North Whitehead)
Desde la óptica bergsoniana de la creatividad como devenir, este artículo evidencia que la violencia machista no es un hecho estático sino que se transforma y se adapta: aparece en nuevas formas (digital, vicaria, institucional) lo cual sugiere una innovación perversa en los modos de ejercer violencia. Así, la creatividad humana (o su sombra) se manifiesta aquí en la transformación de la opresión.
Para Whitehead, todo hecho social es parte de un devenir relacional. Las estructuras de violencia no pueden entenderse como islas aisladas: hay una red de relaciones de poder, afectos, instituciones que configuran el “acontecer” de la violencia machista. El plan propuesto por el ayuntamiento introduce nuevos «eventos» de cambio: observatorio de datos, equipamientos especializados, intervenciones públicas. Esto corresponde a una lógica de cambio concreto en el “proceso” social.
Disrupción o poder (Gilles Deleuze, Michel Foucault)
Desde la mirada foucaultiana, la violencia machista se inscribe en relaciones de poder: normas de género, instituciones patriarcales, cuerpos marcados por jerarquías. El artículo habla de “violencia machista”, término que ya expone un sistema de dominación de género. Se menciona además la violencia “institucional” y “digital”, lo que revela nuevas formas de biopoder e vigilancia de los cuerpos femeninos.
Con Deleuze podríamos decir que estas formas de violencia son líneas de fuga del sistema patriarcal que se ramifican: lo que antes era físico (o doméstico) ahora puede manifestarse digitalmente, en el ocio, en el espacio público. La estrategia del ayuntamiento —con múltiples medidas— puede interpretarse como un intento de reterritorializar esos flujos de violencia, pero también de crear contrafuerzas (máquinas de resistencia, alianzas feministas).
La iniciativa de «observatorio de datos» también evoca la vigilancia: conocer para intervenir. Desde Foucault, el poder sabe, controla, normaliza. Hay una tensión entre la vigilancia institucional como herramienta de liberación (detectar la violencia) y como instrumento de control.
Ética y responsabilidad (Hans Jonas)
Hans Jonas propone una ética de la responsabilidad orientada hacia el futuro y lo vulnerable. En este caso, las mujeres en Barcelona son la población vulnerable. El hecho de que un 72 % haya sufrido violencia apunta a una responsabilidad estructural: la ciudad y las instituciones tienen la obligación ética de reparo, prevención y cambio.
La estrategia del ayuntamiento se alinea con una ética de responsabilidad: asignación presupuestaria, atención especializada, nuevas formas de prevención. Sin embargo, queda la cuestión de si estas medidas son suficientes o llegan a la raíz del problema: la estructura de género, el capitalismo, las formas culturales de dominación. La ética de Jonas invitaría a preguntarse: ¿hemos cambiado los modos de relación social que permiten esta violencia?
Sistemas complejos (Niklas Luhmann, Edgar Morin)
Desde la perspectiva de Luhmann, la violencia machista es parte de un sistema social complejo que se comunica en distintos subsistemas: jurídico, policial, sanitario, educativo, cultural. La estrategia del ayuntamiento plantea una intervención en múltiples subsistemas (transporte público, ocio, entidades feministas, datos) lo cual es coherente con una visión sistémica.
Morin aportaría que la complejidad implica que no basta con intervenciones lineales: se requiere comprender las interrelaciones, las paradojas, la emergencia de nuevas formas de violencia. El artículo señala precisamente que hay nuevas formas (digital, vicaria). Que el 72 % hayan pasado por algún tipo de violencia indica que el sistema no está funcionando bien a nivel macro. La apuesta por un “observatorio de datos” es una respuesta sistémica al problema de falta de conocimiento global.
El reto es gestionar la incertidumbre, la imprevisibilidad de las dinámicas de violencia: ¿cómo prever formas emergentes? La estrategia propone “ir incrementando el presupuesto a medida que se incorporen más medidas”. Esa flexibilidad es aplicable a sistemas complejos que necesitan adaptarse.
Tecnología, transparencia, auto‑explotación (Byung‑Chul Han)
Byung‑Chul Han advierte sobre la sociedad de rendimiento, la vigilancia, la transparencia forzada. En el artículo aparece la violencia digital, y también la intervención en transporte público, ocio nocturno, que pueden implicar vigilancia, control. Hay un doble filo: la tecnología puede servir para proteger (observatorios de datos, puntos lilas, campañas) pero también para vigilar, controlar y generar nuevas formas de opresión.
El problema de la transparencia: la recopilación de datos puede exponer víctimas o normalizar la vigilancia de sus cuerpos. Por otro lado, la autoexplotación no aparece de forma explícita, pero se puede ver en el hecho de que las mujeres están constantemente vigiladas, en riesgo, y se les exige estar “seguras” sin que el sistema cambie sus premisas.
En resumen: la estrategia tecnológica puede ser una herramienta, pero con riesgos de generar nuevas dinámicas de control. Hay que cuestionar si se va hacia una sociedad que protege de verdad o simplemente regula la violencia sin cambiar los fundamentos culturales.
Identificación de oportunidades y riesgos
Oportunidades:
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El hecho de que se visibilice esta estadística (72 %) y que la institución local lo reconozca es un avance en la toma de conciencia.
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La estrategia integral muestra voluntad de intervención en múltiples frentes.
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Crear un observatorio de datos puede aportar conocimiento confiable para políticas más eficaces.
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Involucrar transporte, ocio, entidades feministas brinda una visión de colaboración inter‑sectorial.
Riesgos y problemas potenciales:
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Puede quedar en un discurso institucional sin transformación real de las estructuras de dominación machista.
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Las nuevas formas de violencia (digital, vicaria) pueden superarse rápidamente, generando un desfase entre políticas y realidad.
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La vigilancia de cuerpos femeninos y espacios públicos puede caer en la lógica de control, no necesariamente de emancipación.
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Las intervenciones pueden centrarse en “gestionar los daños” en lugar de cuestionar la raíz: relaciones de poder, roles de género, economía patriarcal.
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El desconocimiento o insuficiencia de datos aún puede limitar los efectos reales; el observatorio es prometedor, pero ¿cómo se implementará?
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Una ética institucional centrada en cifras puede invisibilizar las experiencias subjetivas de las víctimas y su agencia.
Conclusión
Este artículo pone en evidencia una realidad social grave: la violencia machista en Barcelona no es marginal, sino estructural. Desde una perspectiva filosófica, apreciamos que este fenómeno se encuentra en la intersección de creatividad social perversa (nuevas formas de violencia), poder y dominio (género, institución), responsabilidad ética hacia lo vulnerable, complejidad sistémica, y tecnologías que pueden tanto liberar como vigilar.
Las políticas propuestas tienen potencial transformador, pero también necesitan ir más allá de la gestión de la violencia hacia la transformación de los sistemas culturales y de poder que la sostienen. Una verdadera erradicación requeriría que la ciudad no sólo invierta recursos, sino que reconfigure las relaciones de género, la presencia del patriarcado, y las dinámicas de vigilancia y control en la sociedad.
En resumen: hay una oportunidad real para cambio, pero el riesgo es que se quede en la superficie o en la gestión institucional sin tocar las raíces.