Un hombre de 108 años asegura que su longevidad podría ser “un fracaso para el Estado”: “Hace muchos más años que estoy jubilado que los que pasé trabajando”

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Introducción

El artículo relata la historia de un hombre de 108 años, Pere Quintana, que comenta en tono irónico que ha estado jubilado muchos más años de los que trabajó y que, por tanto, “no soy un buen negocio para el Estado”. Se genera una provocativa reflexión sobre la longevidad, el sistema de pensiones, la relación entre trabajo, jubilación y sociedad, así como la carga que el envejecimiento puede implicar desde la perspectiva del Estado.


Análisis filosófico

1. Creatividad (con referencia a Henri Bergson, Alfred North Whitehead)

Desde la óptica de Bergson, la vida es flujo, duración creativa («durée») que no se reduce a cuantificaciones externas. La longevidad de Quintana pone en evidencia este aspecto: su vida excede lo que el sistema prevé como “normal” (años cotizados vs. años de jubilación). Hay creatividad en la simple prolongación de la vida: rompe las expectativas estructuradas. Whitehead, que propone un universo de acontecimientos y devenires, diría que la vida humana no está únicamente determinada por funciones económicas o roles predeterminados, sino que cada existencia se constituye mediante experiencias y persistencias únicas. En este sentido, la existencia prolongada de Quintana insta a preguntarse: ¿qué valor creativo añade una vida que se extiende más allá del papel productivo‑económico que le asigna el sistema?

2. Disrupción o poder (con referencia a Michel Foucault, Gilles Deleuze)

Desde la perspectiva foucaultiana, el arte de gobernar incluye la gestión de las poblaciones: el sistema de pensiones, la edad de jubilación, la expectativa de vida forman parte de una dispositión biopolítica. Que una persona viva mucho más allá de los años productivos supone una “anomalía” al sistema de cálculo que regula el cuerpo social, la natalidad, el trabajo y la vejez. Quintana, al decir que «no soy un buen negocio para el Estado», pone en evidencia una ruptura o disrupción del régimen de normalidad del sistema de seguridad social.
Por su parte, Deleuze, en su análisis de multiplicidades y de las líneas de fuga, podría sugerir que esta vida extendida representa una línea de fuga respecto del circuito productivo‑económico: funciona como una resistencia a la normatividad del tiempo de trabajo, del tiempo de jubilación, del tiempo de espera. Es decir: la vida humana ya no se ajusta exactamente al molde que la modernidad ha construido para la vejez, lo que cuestiona las relaciones de poder que lo sustentan.

3. Ética y responsabilidad (con referencia a Hans Jonas)

Jonas nos recuerda la responsabilidad hacia el futuro, la vida y la naturaleza de lo humano. Si la longevidad se convierte en un reto para el sistema, hay una dimensión ética: ¿cómo considerar la vida prolongada como un bien, y al mismo tiempo como un desafío institucional? El comentario de Quintana lleva al planteamiento de que el sistema posiblemente no esté preparado para la longevidad extrema o prolongada, lo que abre una responsabilidad colectiva y estatal.
¿Qué deberes tienen las instituciones ante la prolongación de la vida? ¿Cómo garantizar que esa vida más extensa no se convierta en una carga para el individuo o para la sociedad? Se plantea la ética del cuidado, de la justicia intergeneracional (que quienes trabajaron poco pero viven mucho no generen desequilibrios para generaciones futuras) y la responsabilidad que implica un sistema preparado para la variabilidad de la vida humana.

4. Sistemas complejos (con referencia a Niklas Luhmann, Edgar Morin)

Luhmann vería el sistema de pensiones como un subsistema de la sociedad que opera mediante comunicaciones: años cotizados, años vividos, expectativas actuariales. La situación de Quintana lo más bien muestra cómo el sistema frente a la longevidad se convierte en un sistema autopoiético que debe adaptarse a contingencias mayores: vidas más largas, jubilaciones más largas, menos trabajadores activos.
Morin, con su idea de pensamiento complejo, sugeriría que esta situación es un ejemplo de cómo los “problemas” modernos no se reducen a una sola causa (por ejemplo, una persona que vive mucho no es solo un coste), sino que se entrelazan factores demográficos, económicos, culturales, tecnológicos, biológicos. La longevidad pone en evidencia esa interdependencia: el envejecimiento, las pensiones, la productividad, la salud pública, el estilo de vida, la estructura familiar, la migración, todo ello se conecta.

5. Tecnología, transparencia, auto‑explotación (con referencia a Byung‑Chul Han)

Byung‑Chul Han habla de la sociedad del rendimiento y de la auto‑explotación: el individuo se convierte en su propio recurso, se potencia a sí mismo para rendir. En este marco, la longevidad también puede leerse como una forma de presión: vivir mucho, mantener la salud, seguir siendo productivo hasta edades avanzadas. Pero en el comentario de Quintana lo contrario aparece: él ya no está en el circuito productivo y observa que “llevo muchos más años jubilado que trabajando”. Aquí se sitúa una tensión: la tecnología médica, las expectativas de vida, la salud preventiva facilitan la longevidad; sin embargo ¿qué significado tiene para el individuo que ya no está rindiendo? ¿Qué transparencia (o falta de ella) tiene el sistema ante la realidad de vidas largas que han pasado su fase productiva? Byung‑Chul Han podría advertir que en vez de celebrar automáticamente la longevidad, debemos preguntarnos cómo se vive ese tiempo “excedente” en una sociedad del rendimiento que vincula valor con productividad.


Identificación de oportunidades y riesgos

Oportunidades:

  • Revalorizar la vejez como etapa de vida con sentido propio: la existencia humana no debe reducirse a “años de trabajo”, sino también contemplar los años más allá de la jubilación, como espacio de creatividad, de comunidad, de reflexión.

  • Incentivar políticas públicas que reconozcan y planifiquen la longevidad: salud, participación social, aprendizaje continuo, ciudadanía activa en edades avanzadas.

  • Revisión del sistema de pensiones y jubilaciones hacia modelos más flexibles, adaptados a vidas más largas y realidades laborales menos lineales.

Riesgos:

  • Que la longevidad se perciba únicamente en términos de “coste” para el Estado, reduciendo la vida humana a un cálculo económico, como insinúa la frase de Quintana “no soy un buen negocio para el Estado”.

  • Que haya desequilibrios intergeneracionales: menos trabajadores activos sosteniendo más jubilados durante más años, lo que puede generar tensiones sociales, resentimientos, políticas injustas.

  • Que la prolongación de la vida se asocie a una baja calidad de vida, dependencia, soledad o inactividad, lo cual cuestiona si “vivir más” equivale a “vivir bien”.


Conclusión

La historia de Pere Quintana funciona como un disparador filosófico: su longevidad rompe los moldes lineales de “trabajo–jubilación–muerte” y obliga a reflexionar sobre el valor de la vida prolongada en una sociedad que vincula productividad con dignidad y utilidad.
Desde las perspectivas de Bergson y Whitehead, descubrimos que la vida es duración creativa y no sólo función económica. A través de Foucault y Deleuze, observamos cómo la longevidad pone en crisis las normas de biopoder y la temporalidad productiva. Con Jonas, emergen preguntas éticas sobre responsabilidad hacia la vida muy prolongada y hacia las instituciones que la sostienen. Mediante Luhmann y Morin, vemos la complejidad sistémica del envejecimiento, las pensiones y las dinámicas sociales interconectadas. Finalmente, con Byung‑Chul Han, surfamos la tensión entre vida prolongada, rendimiento y sentido más allá de la productividad.

En síntesis: prolongar la vida plantea una oportunidad para repensar la vejez como tiempo de valor, pero también un riesgo si la reducimos a coste o inactividad. Esta situación demanda que las instituciones, la ética pública y la cultura social se adapten a una nueva temporalidad vital, donde los años “extras” no sean un fracaso para el Estado, sino un éxito de la vida humana.