José Elías, empresario: "Vengo de China jodidamente preocupado, ahora entiendo por qué estamos en la ruina"

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Introducción / Contexto

El empresario José Elías —conocido por su actividad con empresas como Audax Renovables y La Sirena— ha generado revuelo tras un viaje reciente a China. A su regreso, publicó en redes sociales un mensaje de alarma: “Vengo de China jodidamente preocupado. Ahora entiendo por qué estamos en la ruina”. 

Según él, lo que pudo observar en China reafirma su preocupación por la pérdida de capacidad industrial y técnica en España. 

A partir de ese testimonio mediático, conviene un análisis más profundo desde una perspectiva filosófica sobre lo que su discurso revela acerca del estado de la producción, dependencia tecnológica, memoria técnica y futuro colectivo.


Tema central y actores involucrados

  • Tema central: El declive de la capacidad productiva industrial en España, su dependencia del exterior —especialmente de China— y el riesgo de pérdida de oficios técnicos especializados, lo que implicaría una merma de soberanía productiva y relocalización del valor económico.

  • Actores implicados:

    • El propio José Elías, como empresario influyente y portavoz de esta preocupación.

    • La industria y sectores productivos españoles (oficios técnicos, fábricas, manufacturas).

    • La población trabajadora en oficios especializados (torneros, fresadores, moldeadores, etc.).

    • La competencia internacional, particularmente China, como proveedor de producción masiva.

    • La sociedad en general, ya que esta transformación afecta al modelo económico, al empleo, y al tejido social-industrial.


Resumen del contenido

  • José Elías afirma que tras su visita a China regresó “jodidamente preocupado” del estado de la industria española. Su diagnóstico es duro: “nos estamos muriendo”. 

  • Señala que en España ya no hay capacidad de producción real: muchos polígonos industriales ya no alojan fábricas, sino almacenes o locales de restauración.

  • Denuncia una pérdida progresiva de oficios técnicos: los torneros y fresadores tienen más de 50 años, y en pocas décadas —cuando esa generación se jubile— desaparecerá el conocimiento para fabricar moldes o matrices.

  • Según él, España se ha acostumbrado a importar —“comprarlo todo fuera”— lo que está pasando “una factura carísima”.

  • Para Elías, ese modelo de dependencia convierte al país en un lugar sin futuro: “un país que no produce nada, es un país sin futuro”.


Análisis filosófico

Voy a aplicar diversos marcos filosóficos para reflexionar sobre las implicaciones del diagnóstico de Elías.

Creatividad / devenir material (Henri Bergson, Alfred North Whitehead)

  • La producción industrial no es solo una operación económica, sino una forma de creatividad colectiva: fabricar implica transformar materia, dar forma a objetos, desplegar saber‑hacer técnico y memoria manual.

  • Perder esa capacidad equivale a empobrecer una dimensión creativa del cuerpo social; la sociedad pierde su agencia productiva, su capacidad de “hacer cosas” con sus propias manos, más allá del consumo.

  • Esa pérdida también degrada lo que podríamos llamar “ecosistemas de creatividad técnica”: la transmisión de oficio, la innovación artesanal o industrial, la experimentación material.

Disrupción, poder y dependencia (Gilles Deleuze / Michel Foucault)

  • La dependencia del exterior, y concretamente de una potencia manufacturera global, reconfigura las relaciones de poder: no solo comercial, sino epistemológico y técnico. España deja de ser un agente de producción para ser consumidor pasivo de lo que otros producen.

  • Esa dependencia crea una forma de subordinación sistémica: si no controlas la producción, dependes de decisiones ajenas, de la lógica de otros mercados. En términos foucaultianos, hay una externalización del poder de definir qué se produce, cómo, por quién.

  • Además, la desaparición de oficios puede ser vista como una “desmagia” del trabajo: la técnica deja de ser patrimonio colectivo, y se degrada la posibilidad de autonomía productiva.

Ética y responsabilidad (Hans Jonas)

  • Jonas subraya la responsabilidad hacia el futuro y las generaciones. En este caso, la pérdida de capacidades productivas implica un déficit moral: renunciamos a mantener saberes técnicos, poniendo en riesgo la autosuficiencia futura del país.

  • Si aceptamos como sociedad una pérdida deliberada o inadvertida de tejido productivo, estamos comprometiendo la libertad de acción y de desarrollo de generaciones futuras —una forma de irresponsabilidad colectiva a largo plazo.

  • La apelación de Elías a “preservar nuestra capacidad de fabricar” puede verse como un llamado a esa responsabilidad ética de mantener y transmitir saberes esenciales para la autonomía comunitaria.

Sistemas complejos y estructura social (Niklas Luhmann / Edgar Morin)

  • La economía, la industria, la formación laboral, la cultura del trabajo conforman un sistema complejo interdependiente: desaparición de oficios → debilidad productiva → dependencia externa → fragilidad del sistema nacional.

  • Esa transformación no es solo económica, sino cultural y social: modifica la estructura del empleo, las aspiraciones profesionales, la memoria colectiva de la producción.

  • Un sistema que ya no produce en su propio territorio pierde resiliencia: ante crisis internacionales (disrupciones en cadenas de suministro, tensiones geopolíticas), la dependencia exterior se vuelve una fuente de vulnerabilidad estructural.

Tecnología, transparencia, autoexplotación (Byung-Chul Han)

  • En este contexto, la externalización productiva global se acompaña de una tendencia hacia el consumo de productos tecnológicos y manufacturados sin conciencia de su origen: se fomenta una “cultura del consumo” donde lo producido localmente carece de valor, y lo importado se naturaliza.

  • Al centrar el valor en la disponibilidad inmediata más que en la producción responsable, se favorece una alienación respecto al proceso productivo: los consumidores pierden conciencia del esfuerzo, del tiempo y del saber técnico requeridos para fabricar lo que usan.

  • Esa alienación lleva a una desmemoria colectiva de capacidades materiales y artesanales: la técnica deja de formar parte de nuestra identidad cultural o social.


Oportunidades y riesgos

Oportunidades / Potenciales positivos

  • El llamado de Elías puede impulsar una reflexión pública sobre la necesidad de reindustrialización, recuperación de oficios técnicos y formación profesional —una oportunidad para reconstruir tejido productivo con conciencia.

  • Puede fomentar la valoración de la producción nacional, la sostenibilidad, la autonomía económica y la soberanía técnica.

  • Si se articula bien, podría estimular inversiones en formación profesional, en tecnologías de valor añadido, y en desarrollo de economía basada en calidad y creatividad, no solo en precio bajo.

Riesgos / Problemas e implicaciones

  • Si no se aborda con políticas estructurales, la pérdida de oficios podría generar desempleo, abandono de capacidades técnicas, desertización industrial, pérdida de memoria colectiva.

  • La dependencia exterior amplifica vulnerabilidades: crisis internacionales, problemas logísticos, conflictos geopolíticos pueden afectar gravemente a países sin autonomía productiva.

  • El discurso de urgencia —“estamos en la ruina”— puede generar miedo, desesperanza, resignación o políticas de corto plazo mal diseñadas.

  • Existe el riesgo de nostalgias industrialistas mal entendidas: querer “volver al pasado” sin considerar cambios tecnológicos, modelos económicos globales y calidad de vida.


Interpretación y valoración desde una mirada filosófica

El testimonio de José Elías actúa como un aviso existencial: advierte sobre la pérdida de una dimensión esencial de la vida colectiva —la producción material, el saber técnico, la capacidad de fabricar— que estructura no solo la economía, sino la identidad y la autonomía social.

Desde la filosofía de la creatividad (Bergson / Whitehead), esa pérdida es un empobrecimiento de nuestra capacidad de “hacer mundo” por nosotros mismos. Desde la filosofía del poder (Deleuze / Foucault), representa una subordinación sistémica a centros productores externos, con consecuencias de dependencia estructural. Desde la ética de la responsabilidad (Hans Jonas), supone una negligencia hacia generaciones futuras: renunciar hoy a capacidades vitales para hipotecar la libertad de mañana. Desde la sociología filosófica (Luhmann / Morin), significa debilitar el entramado social, cultural y técnico que sostiene a una sociedad compleja. Y desde la crítica cultural de la tecnología (Byung‑Chul Han), evidencia la alienación respecto al proceso productivo y la pérdida de conciencia sobre lo que consumimos.

Este llamado no debe leerse como nostalgia romántica, sino como una reflexión estratégica y ética: la necesidad de construir soberanía técnica, de reconnectar con la producción, de valorar los oficios, de proteger la memoria colectiva de loa saberes manuales y técnicos.

Al mismo tiempo, exige una respuesta colectiva —no solo empresarial, sino social, educativa, política— para reconfigurar prioridades: de consumo barato hacia producción consciente; de dependencia hacia autonomía; de resignación hacia creatividad.


Conclusión

El argumento de José Elías pone en evidencia una crisis no solo económica, sino ontológica: la pérdida de la capacidad de producir significa una pérdida de agencia, de identidad productiva, de futuro compartido.

Si una sociedad deja de fabricar, deja de crear un mundo propio, de mantener conocimientos técnicos, de asegurar independencia material.

La reflexión es urgente: la reindustrialización no puede ser mera nostalgia, sino una apuesta consciente por recuperar la creatividad material, la responsabilidad hacia las próximas generaciones, y la resiliencia social frente a un entorno global incierto.