La importancia del pensamiento humano en la era de la inteligencia artificial

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Contexto del texto

El texto recoge la intervención de Sonia Contera —física y nanotecnóloga de la Universidad de Oxford— durante la clausura de los XVIII Premios CincoDías a la Innovación Empresarial 2025. Contera reflexiona sobre los límites actuales del conocimiento científico, los retos tecnológicos (microchips, computación cuántica, exploración espacial, longevidad, IA) y subraya la importancia del pensamiento humano «crítico y libre de ideologías» como condición necesaria para discernir lo verdadero de lo falso. 

Los actores principales: científicos y tecnólogos que desarrollan IA, instituciones de innovación, empresas implicadas en esos avances, y —de modo indirecto— la sociedad en su conjunto, que depende de las tecnologías y de la forma en que se las integre.

El tema central: la tensión entre el avance acelerado de la inteligencia artificial y la necesidad de preservar el pensamiento humano, reflexivo, autónomo, creativo y crítico.


Resumen del contenido

  • Contera argumenta que los desafíos grandes —explorar el espacio, prolongar la vida, construir máquinas inteligentes— dependen de enigmas que la ciencia aún no ha resuelto, lo que demuestra los límites de la tecnología actual.

  • Menciona caminos alternativos, como la computación neuromórfica o bioinspirada, que imitan la estructura del cerebro humano, más eficientes que la simple miniaturización o la potencia bruta. 

  • Señala que, incluso con avances técnicos, el pensamiento humano sigue siendo insustituible: solo la reflexión, la creatividad, el juicio crítico y la capacidad de cuestionar pueden diferenciar lo verdadero de lo falso, lo valioso de lo superficial.

  • En ese sentido, la jornada de innovación no solo celebra avances tecnológicos, sino que reivindica la dignidad y centralidad del pensamiento humano frente a la automatización.


Análisis filosófico

• Creatividad (inspiración bergsoniana / whiteheadiana)

Según pensadores como Henri Bergson o Alfred North Whitehead, la creatividad genuina es una fuerza vital, irreductible a mera combinación mecánica de elementos preexistentes. Desde esta óptica, la propuesta de Contera —que la computación neuromórfica o bioinspirada permita emular ciertas funciones cerebrales— puede ser vista como una herramienta posible, pero insuficiente para sustituir la creatividad humana de fondo. El pensamiento humano no es solo procesamiento: es creación, novedad, emerger de lo imprevisible. Automatizar sin atención a eso equivale a confundir la memoria con la invención.

• Disrupción y poder (perspectiva deleuziana / foucaultiana)

Desde la tradición de Gilles Deleuze y Michel Foucault, la tecnología no es neutral: toda innovación implica relaciones de poder, estructuras de control, riesgos de disciplina y normalización. La emergente dependencia de sistemas de IA —si se impone como “solución automática”— puede fomentar homogeneización del pensamiento, vigilancia, control de significados. La defensa del pensamiento crítico humano es entonces también una defensa de la libertad intelectual frente a mecanismos de poder algorítmico.

• Ética y responsabilidad (perspectiva de Hans Jonas)

Jonas insiste en la responsabilidad hacia el futuro, en las consecuencias imprevisibles de nuestras acciones tecnológicas. La advertencia de Contera sobre los límites de la ciencia y la necesidad del juicio humano resuena con la ética jonasiana: no basta con la capacidad técnica, se requiere una deliberación responsable, consciente de riesgos, inferencias y impacto social. En la integración de IA y biotecnología (por ejemplo en longevidad), la prudencia ética debe acompañar la ambición.

• Sistemas complejos (visión de Niklas Luhmann / Edgar Morin)

El mundo contemporáneo es un tejido complejo de sistemas interrelacionados: tecnología, biología, economía, cultura. Luhmann y Morin podrían señalar que la IA introduce nuevas capas en esos sistemas —retroalimentación, dependencia, efectos emergentes—, lo que demanda una visión sistémica, integradora. El pensamiento humano crítico es necesario para evaluar no solo funciones aisladas, sino consecuencias sistémicas, entornos de riesgo, desequilibrios estructurales.

• Tecnología, transparencia, autoexplotación (pensamiento de Byung‑Chul Han)

Byung‑Chul Han advierte cómo la tecnología puede convertirse en una forma de autoexplotación —donde el individuo se convierte en su propio explotador bajo la ilusión de eficiencia, rendimiento, optimización. Si abrazamos la IA como sustituto del pensamiento, corremos el riesgo de externalizar nuestra capacidad crítica, delegar decisiones, dejar que la automatización moldee nuestra subjetividad. Contera, al reivindicar el pensamiento humano, defiende también nuestra dignidad como sujetos pensantes: no máquinas optimizadas, sino agentes conscientes.


Oportunidades y riesgos señalados por el texto (y por el análisis filosófico)

Oportunidades

  • La IA (y tecnologías afines) puede potenciar nuestra capacidad para enfrentar problemas complejos —espacio, longevidad, investigación— si se usa como herramienta, no como sustituto.

  • Alternativas como la computación neuromórfica o bioinspirada muestran que podemos combinar lo mejor de la naturaleza biológica con lo artificial, con eficiencia energética y enfoque creativo.

  • Reivindicar el pensamiento humano refuerza la autonomía, la creatividad, la diversidad cognitiva y la posibilidad de crítica social —fundamentales para una democracia vibrante y un desarrollo humano integral.

Riesgos

  • Delegar excesivamente en la IA puede generar lo que algunos estudios llaman “deuda cognitiva”: pérdida de habilidades de pensamiento profundo, creatividad, juicio crítico. 

  • La homogeneización del pensamiento y la manipulación algorítmica pueden socavar la pluralidad, favorecer sesgos y desigualdades sociales.

  • Si la tecnología domina sin acompañamiento ético, corremos el riesgo de convertirnos en meros consumidores pasivos de decisiones, perdiendo nuestra agencia como sujetos pensantes.


Interpretación integradora

El artículo de Contera, leído desde una perspectiva filosófica, funciona como una advertencia reflexiva: mirar con entusiasmo los avances tecnológicos no debe cegarnos ante lo que nos constituye como sujetos humanos. En un momento histórico en que la IA promete velocidad, eficiencia, poder; reivindicar el pensamiento humano —la creatividad, el juicio, la responsabilidad— es reivindicar la dignidad del ser humano como sujeto libre, capaz de sorpresa, crítica y novedad.

La tensión no es entre tecnología o humanidad, sino entre una tecnología que sirve como medio —para expandir posibilidades— y una que pretende sustituir lo esencial: el pensar, el decidir, el crear. Esa tensión es política, ética, epistemológica.

Finalmente: la tecnología puede y debe formar parte de nuestro mundo, pero su integración debe ser consciente, meditada, informada. Como sugiere Contera, más que pura miniaturización de chips o potencia bruta, quizá el camino pase por tecnologías inspiradas en la biología —más humanas en su lógica— y por un compromiso colectivo con la libertad intelectual.