Los ingleses se mudan a las playas españolas: la mayoría de extranjeros procedentes de Reino Unido viven en la costa levantina

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Introducción / Contexto

La noticia (según datos del censo del Instituto Nacional de Estadística —INE— a 1 de enero de 2025) señala que en España uno de cada cinco habitantes no ha nacido en el país: un volumen destacado de población extranjera reside en él. Entre ellos, los británicos —ciudadanos del Reino Unido— representan un grupo considerable (unos 266.462).

Lo interesante: la mayoría de estos británicos no se concentra en los núcleos urbanos más importantes (como la capital o las grandes ciudades), sino en municipios costeros —especialmente en zonas de sol y playa—, muchos de ellos con población mayor de 60 años.

Ejemplos: el municipio con más británicos es Orihuela (Alicante), seguido por localidades de la costa como Benalmádena, Fuengirola, Estepona, Marbella, entre otras.

Este fenómeno revela un patrón migratorio particular: no tanto hacia los centros económicos o metropolitanos, sino hacia entornos costeros, de clima suave, vinculados al ocio, al retiro, al estilo de vida.

Análisis filosófico (perspectivas)

• Tecnología, autoexplotación y estilo de vida — perspectiva de Byung‑Chul Han

Aunque en principio podría parecer un fenómeno meramente demográfico e inmobiliario, este éxodo/redistribución de población tiene resonancias profundas con la crítica de Byung‑Chul Han sobre el neoliberalismo del bienestar y la “sociedad del cansancio”: muchos jubilados británicos deciden residir en costas españolas buscando una vida de confort, ocio, clima y tranquilidad.

Este desplazamiento podría interpretarse como una búsqueda de “espacios de reposo” en un mundo globalizado y acelerado — sin embargo, también refleja un tipo de auto-realización individualista, donde la vida se reconfigura alrededor del consumo (vivienda, clima, ocio). La movilidad internacional, lejos de ser solo económica, se convierte en parte de un proyecto de vida orientado al bienestar personal, al “vivir bien” más allá del trabajo.

Pero a la vez, existe una paradoja: al concentrarse en zonas turísticas o recreativas, se refuerza la lógica de consumo y “zona de confort”, potencialmente desconectada de la comunidad local, de las tensiones sociales estructurales, de la integración real. En ese sentido, este fenómeno puede ejemplificar la alienación contemporánea: una migración hacia lo estético, lo placentero, lo superficial, más que hacia lo comunitario o lo participativo.

• Sociedad, complejidad y sistemas — mirada desde Niklas Luhmann y Edgar Morin

Desde la óptica de los sistemas complejos, la llegada masiva de extranjeros a zonas costeras —no por trabajo o necesidad económica, sino por decisión de estilo de vida— reconfigura los subsistemas sociales de esas regiones: vivienda, economía local, servicios, cultura, identidad.

Para Luhmann, cada subsistema sigue su propia lógica (mercado inmobiliario, servicios de salud, servicios sociales, ocio, etc.). Esta migración masiva implica un cambio en la dinámica de esos subsistemas: mayor demanda de vivienda y servicios adaptados a población extranjera, posible subida de precios, presión sobre infraestructuras, cambios demográficos que afectan a la identidad comunitaria.

Desde una perspectiva moriniana de la complejidad: este fenómeno no debe verse aisladamente como migración, turismo o jubilación, sino como un nodo complejo donde intervienen factores económicos, demográficos, culturales, medioambientales, políticos, simbólicos. Las costas se convierten en interfases de residencia globalizada, mezcla cultural, intercambio social —y conflictos latentes (vivienda, recursos, identidad).

• Disrupción, poder y tensiones sociales — lente de Gilles Deleuze / Michel Foucault

Si se repara, hay un desplazamiento de población que no responde a lógicas tradicionales de trabajo o necesidad, sino a flujos de capital —capital económico (riqueza para comprar vivienda), y capital simbólico (experiencia de vida, retiro, clima, estatus).

Este desplazamiento podría aumentar las desigualdades territoriales: las zonas costeras se gentrifican, se encarecen, cambian su composición social y su función: de ser lugares de turismo temporal, a comunidades con residentes permanentes de alto poder adquisitivo. Esto reorganiza las relaciones de poder y propiedad sobre el territorio: locales que quizás no puedan competir por vivienda, empleos, servicios.

Desde Foucault, se podría pensar en cómo estos flujos migratorios transforman el espacio —espacio como biopolítica: quién tiene derecho a vivir dónde, cómo se regula la propiedad, la densidad, el uso. ¿Qué significa para los habitantes locales que su municipio se llene de residentes extranjeros? ¿Quién define las normas, los servicios, las prioridades? La migración “voluntaria” de jubilados británicos reconfigura las jerarquías del territorio, la distribución del bienestar, la espacialidad del poder.

• Ética, responsabilidad y comunidad — enfoque de Hans Jonas

La migración de jubilados británicos hacia la costa española pone en juego cuestiones éticas: responsabilidad hacia las comunidades receptoras. Si un municipio pasa a tener una proporción importante de residentes extranjeros jubilados, ¿qué obligaciones tienen estos nuevos residentes hacia la comunidad local? ¿Cómo integrarse socialmente, respetar cultura, contribuir al tejido social, más allá del consumo?

Existe el riesgo de “islamiento del retiro”, de comunidades cerradas de expatriados que conviven paralelamente, sin integración real: mayúsculo individualismo que podría debilitar el sentido de comunidad, de solidaridad intergeneracional, de pertenencia cultural. Jonas nos instaría a considerar la responsabilidad hacia las generaciones presentes y futuras: hacia los locales, hacia la vivienda, hacia la cohesión social, hacia el uso sostenible del territorio.

• Creatividad, devenir, espacio vital — mirada de Henri Bergson / Alfred North Whitehead

Los flujos migratorios y de residencia como este pueden concebirse también como un devenir: no meras reubicaciones, sino procesos de transformación continua del espacio vital, de las formas de vida. Para Bergson / Whitehead, la vida no es estática sino flujo, devenir, creatividad.

La llegada de personas con biografías distintas, culturas distintas, expectativas distintas, a un lugar —la costa española— genera una intensidad creativa: nuevas formas de comunidad, de interacción, de convivencia; mezcla de tradiciones, cosmopolitismo; reconfiguración del paisaje social.

Este fenómeno, si se gestiona bien, podría generar riqueza cultural, diversidad, reinterpretación de lo local como espacio global, híbrido. Pero también exige sensibilidad: apertura al otro, capacidad de adaptación, respeto mutuo.

Oportunidades y riesgos

Oportunidades

  • Renovación demográfica de zonas costeras, con inyección de recursos, compra de vivienda, actividad económica, servicios adecuados a población diversificada (jubilados, extranjeros).

  • Potencial de convivencia intercultural, cosmopolitismo, enriquecimiento social y cultural en municipios que reciben población extranjera.

  • Reconfiguración creativa del espacio social: nuevas formas de comunidad, de intercambio, de estilos de vida — un experimento social de convivencia y diversidad.

Riesgos / Problemas

  • Gentrificación, encarecimiento del suelo y de la vivienda: la población local, con menor capacidad adquisitiva, puede quedar desplazada.

  • Segregación social y cultural: riesgo de comunidades “cerradas” de expatriados que no se integran, reduciendo cohesión social local.

  • Sobrecarga de servicios públicos, infraestructuras, medio ambiente — presión sobre recursos naturales, costa, servicios sanitarios, transporte.

  • Desequilibrio demográfico: zonas costeras con alta población extranjera envejecida, menos jóvenes locales, lo que puede afectar la estructura social, mercado laboral, sostenibilidad comunitaria.

Conclusión — Interpretación integrada

El desplazamiento masivo de ciudadanos del Reino Unido hacia las costas españolas no debe interpretarse solo como un fenómeno demográfico o inmobiliario, sino como un fenómeno social‑cultural complejo, que articula cuestiones de identidad, pertenencia, comunidad, poder, economía y vida cotidiana.

Desde las lentes filosóficas —de la creatividad, de los sistemas sociales, del poder, de la responsabilidad ética— este fenómeno revela las tensiones de la globalización: la movilidad libre, el capital que se desplaza para ocio o retiro, la recomposición del espacio vital. Puede ofrecer posibilidades de renovación, diversidad, convivencia intercultural, nuevas formas de comunidad; pero también plantea desafíos éticos: desigualdades, segregación, desequilibrios territoriales, pérdida de cohesión social.

Para que este fenómeno sea realmente transformador de forma positiva, se requiere sensibilidad comunitaria, políticas de vivienda, integración cultural, diálogo intergeneracional y respeto por el territorio y por las comunidades locales. Solo así la migración no será alienación ni desplazamiento, sino conviencia creativa, sostenibilidad social y apertura cosmopolita.