Introducción / contexto general
El artículo publicado por Infobae el 3 de diciembre de 2025 reporta las respuestas de varios jóvenes en la calle —en Madrid— cuando se les pregunta si estarían dispuestos a ir a una guerra por España. La mayoría manifiesta rechazo: expresiones como “no veo la necesidad de ir a jugarse la vida” reflejan desinterés o desconfianza hacia la idea de sacrificio militar. Al mismo tiempo, el artículo se apoya en datos de una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), que indican que dos de cada tres españoles creen posible un conflicto armado que involucre al país en los próximos años —y señalan amenazas que vienen de países como Rusia, Marruecos o Estados Unidos. Así, emerge una tensión social: la posibilidad de guerra como miedo colectivo frente a la apatía o rechazo individual, especialmente entre los jóvenes.
Desde una perspectiva filosófica, este material ofrece un buen terreno para reflexionar sobre la ética de la guerra, la responsabilidad individual, la relación entre pueblo y Estado, y las transformaciones socioculturales en un contexto de miedo e incertidumbre.
Análisis filosófico
Ética y responsabilidad — desde la mirada de Hans Jonas
Jonas insistió en la ética de la responsabilidad: en un mundo tecnificado, complejo e interdependiente, nuestras decisiones tienen consecuencias profundas para otros y para el futuro. En este contexto mediático y social de posible conflicto, la decisión de “irse a la guerra” ya no puede pensarse como un acto heroico individual sino como un acto de responsabilidad colectiva — con consecuencias para la paz, la seguridad, los derechos humanos y la integridad de los ciudadanos.
El rechazo mayoritario de los jóvenes entrevistados — “no veo la necesidad de ir a jugarse la vida” — puede interpretarse como una forma ética de responsabilidad en negativo: un rechazo consciente del sacrificio para preservar la vida de uno mismo y de otros, y una negación de la lógica bélica como solución. Esa decisión podría representar una ética de la vida por encima de la glorificación del conflicto, lo que para Jonas sugiere una madurez moral social: valorar la vida y la seguridad sobre los impulsos nacionalistas o la presión de la colectividad.
Poder, disrupción y Estado — lentes de Michel Foucault / Gilles Deleuze
Desde la óptica foucaultiana, las guerras y el servicio militar implican estructuras de poder, disciplina y control social. El hecho de que jóvenes rechacen la guerra podría indicar una resistencia espontánea al poder militar, una negativa a someterse a las estructuras disciplinarias del Estado — a la biopolítica del ciudadano‑soldado. Esa resistencia, aunque fragmentaria, representa una disrupción del dispositivo tradicional del Estado-nación: ya no se concibe la defensa nacional como un deber individual por defecto.
Deleuze, por su parte, invita a pensar las identidades colectivas y las formas de subjetividad que se articulan en tales contextos. Que muchos jóvenes no sientan lealtad militar —incluso ante la posibilidad de guerra— sugiere una transformación de la subjetividad: ya no se define la pertenencia nacional por el sacrificio bélico, sino quizás por vínculos más fluidos, individuales o comunitarios que no pasan por la guerra. Es un cambio cultural: el “guerrero‑ciudadano” se resquebraja ante una generación que prioriza la vida, la autonomía y la desconfianza en el conflicto.
Sistemas complejos y sociedad — desde Niklas Luhmann / Edgar Morin
Para Luhmann, la sociedad funciona por medio de subsistemas (política, economía, militar, etc.) que operan con sus propias lógicas. En el contexto del artículo, se evidencia una tensión entre el subsistema militar (potencial, latente) y el subsistema social —representado por jóvenes ciudadanos con otras prioridades. Ese desfase —la militarización imaginada vs. la voluntad individual de no participar— desestabiliza la expectativa de que los ciudadanos se alineen automáticamente con las necesidades del Estado militar.
Desde la perspectiva de Morin —y su noción de “complejidad” — esta situación revela un tejido social cambiante: incertidumbre, miedo, globalización, amenazas externas, pero también cuestionamiento interno, individualismo, rechazo a la violencia institucional. La realidad social ya no se reduce a dicotomías clásicas (patriota/traidor, soldado/ciudadano) sino a una multiplicidad de posiciones, valores y deseos que desestabilizan las narrativas simplistas de guerra o defensa nacional.
Tecnología, transparencia, auto‑explotación — mirada de Byung‑Chul Han
Byung‑Chul Han asocia las nuevas formas de auto‑explotación, presión social y vigilancia con la expansión tecnológica y la lógica neoliberal. En un contexto de conflicto latente o miedo bélico, podrían intensificarse los mecanismos de control social: vigilancia, reclutamiento, propaganda, movilización. La disposición de algunos —aunque sean pocos— a ir “si llaman” revela la permeabilidad ante esta lógica: el sujeto como recurso humano de defensa, disponible.
Pero el rechazo generalizado de los jóvenes sugiere una resistencia a convertirse en un “recurso del Estado” — a ser explotados como carne de cañón en nombre de ideales nacionales. En ese sentido, emerge una búsqueda de transparencia: cuestionar las motivaciones del Estado, demandar claridad sobre amenazas y evitar sacrificios injustificados. Este rechazo puede entenderse como una afirmación de la autonomía personal frente a la lógica de auto‑explotación bajo la bandera del patriotismo.
Oportunidades y riesgos que revela el texto
Oportunidades / aspectos constructivos
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Hay señales de una transformación ética: una generación más reacia a glorificar la guerra y más consciente del valor de la vida — lo que podría favorecer una cultura de paz, diálogo y resolución pacífica de conflictos.
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La retórica nacionalista‑militar pierde hegemonía simbólica: esto puede abrir espacio a nuevas formas de pertenencia que no dependan del conflicto o del sacrificio bélico.
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El cuestionamiento —por parte de jóvenes— del papel tradicional de un Estado armado favorece debates democráticos: sobre defensa, conscripción, servicio militar voluntario/obligatorio, derechos ciudadanos.
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Fomenta la reflexión colectiva —y filosófica— sobre lo que significa “defender la patria” en el siglo XXI: ¿es con armas o con justicia social, cooperación internacional, diplomacia?
Problemas, tensiones o riesgos
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Existe un fuerte miedo social a un conflicto futuro: ese miedo, combinado con discursos políticos, podría alimentar xenofobia, autoritarismo o justificarse aumentos en gasto militar sin debate profundo.
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Si el Estado interpreta la apatía juvenil como indiferencia, puede priorizar más presión militar, reclutamiento o propaganda — lo que choca con una ética de responsabilidad y respeto por la autonomía.
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El rechazo individual a la guerra no garantiza una transformación colectiva: hay riesgo de fragmentación social, apatía cívica, pasividad ante amenazas reales que requieren solidaridad.
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La narrativa del “servicio voluntario” puede servir como máscara para una militarización gradual, afectando derechos civiles — especialmente si el miedo colectivo legitima decisiones políticas drásticas.
Conclusión: síntesis filosófica
El artículo revela una tensión profunda entre un miedo colectivo creciente a la guerra —impulsado por percepciones de amenaza internacional— y una desafección individual, especialmente entre los jóvenes, hacia la idea tradicional de sacrificio por la patria. Desde una óptica ética (Jonas), esa desafección puede interpretarse como un signo de madurez moral: valorar la vida sobre la guerra. Desde la crítica al poder (Foucault/Deleuze), emerge una crisis del modelo del ciudadano‑soldado: la lealtad nacional ya no se asume como obligación automática. Como sociedad compleja (Luhmann/Morin), estamos ante una reconfiguración de valores, identidades y roles. Y desde la crítica a la auto‑explotación (Byung‑Chul Han), esa resistencia puede verse como una defensa de la autonomía ante la militarización del individuo.
El riesgo —y al mismo tiempo la oportunidad— radica en la forma en que la colectividad y los poderes del Estado respondan a este desencanto: si imponen militarización, control o propaganda, se corre el riesgo de vulnerar valores democráticos; si, por el contrario, se abre un debate profundo sobre defensa, ciudadanía y paz, puede surgir una nueva cultura política, más reflexiva, ética y consciente de la fragilidad de la vida humana.