La teoría del apego en perros y humanos: qué sabemos de cómo nos vinculamos con nuestros perros

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Introducción: resumen del texto

El artículo publicado en 20 Minutos aborda la aplicación de la teoría del apego —originalmente formulada en psicología para describir el vínculo entre bebés y cuidadores— a la relación entre humanos y perros. Expone estudios científicos que muestran cómo los perros desarrollan vínculos afectivos comparables al apego infantil, evidenciado en comportamientos de búsqueda de proximidad, ansiedad ante la separación y seguridad en presencia del cuidador.

Los actores centrales son investigadores en comportamiento animal, dueños de perros y los propios animales como sujetos de estudio. El texto combina divulgación científica con ejemplos cotidianos, destacando que el vínculo humano-perro no es solo emocional, sino biológicamente medible (por ejemplo, a través de la oxitocina).

Desde una perspectiva filosófica, el texto problematiza la frontera entre lo humano y lo animal, la naturaleza del afecto, y el papel de la ciencia en la redefinición de nuestras relaciones interespecie.


ANÁLISIS FILOSÓFICO


1. Creatividad y emergencia (Bergson y Whitehead)

Desde la óptica de Henri Bergson, el vínculo humano-perro puede interpretarse como expresión del élan vital: un impulso creativo de la vida que genera formas nuevas de relación. La domesticación no sería solo un proceso histórico, sino una co-evolución afectiva emergente. El apego no es mecánico ni puramente instintivo, sino una experiencia vivida en la duración, es decir, en la continuidad temporal compartida entre humano y animal.

Por su parte, Alfred North Whitehead permitiría comprender esta relación como un proceso dinámico. El vínculo no es una sustancia fija, sino un devenir relacional. El artículo refleja esta dimensión procesual al mostrar cómo el apego se construye en la interacción cotidiana. La armonía entre lo nuevo (investigación científica) y lo existente (convivencia histórica con perros) constituye una síntesis creativa que reconfigura nuestra comprensión del mundo animal.

Clave filosófica: El apego humano-perro es una forma emergente de co-creación afectiva en un sistema vivo en transformación.


2. Disrupción, poder y discurso (Deleuze y Foucault)

Desde Gilles Deleuze, la relación humano-perro puede entenderse como un devenir-animal: una línea de fuga que rompe con el antropocentrismo clásico. El artículo introduce una ruptura discursiva al equiparar estructuras emocionales humanas y caninas, desestabilizando jerarquías rígidas entre especies.

Sin embargo, siguiendo a Michel Foucault, es necesario analizar el régimen de verdad que legitima esta equivalencia. La validación científica (experimentos, mediciones hormonales, observación conductual) actúa como dispositivo de poder que autoriza el discurso. El texto no solo describe el apego; lo produce como verdad científica. Se establece así una nueva normalidad: considerar al perro como sujeto emocional.

Tensión crítica: ¿Se emancipa al animal o se lo integra en una matriz humana de comprensión emocional? El discurso científico humaniza al perro, pero también traduce su experiencia a categorías humanas.


3. Ética y responsabilidad (Hans Jonas)

Desde el principio de responsabilidad de Hans Jonas, el reconocimiento del apego en los perros amplía el campo moral. Si los perros experimentan vínculos afectivos profundos, la responsabilidad humana aumenta. El abandono, la negligencia o el maltrato adquieren una dimensión ética más grave.

El artículo, aunque divulgativo, sugiere implícitamente una ética del cuidado interespecie. Reconocer la vulnerabilidad emocional del animal implica asumir consecuencias a largo plazo en prácticas como la cría intensiva, el abandono o la comercialización de mascotas.

Implicación ética: El conocimiento científico genera obligación moral. Saber más sobre el apego implica actuar con mayor responsabilidad.


4. Sistemas complejos y comunicación (Luhmann y Morin)

Desde Niklas Luhmann, el artículo puede verse como parte del sistema mediático que traduce conocimiento científico en comunicación social. El periodismo actúa como sistema autopoiético que selecciona ciertos hallazgos y los convierte en narrativa accesible.

En términos de Edgar Morin, el fenómeno del apego humano-perro es un ejemplo de pensamiento complejo: integra biología, psicología, evolución y cultura. El artículo intenta conectar estos niveles, aunque inevitablemente simplifica la complejidad sistémica.

La relación humano-perro es un sistema interdependiente donde emociones, hormonas, hábitos sociales y estructuras culturales interactúan de forma no lineal.


5. Tecnología, transparencia y emocionalidad contemporánea (Byung-Chul Han)

Desde Byung-Chul Han, puede leerse el creciente interés en el apego animal como síntoma de una sociedad afectivamente desplazada. En un contexto de individualización y soledad, el perro aparece como figura de vínculo estable y no conflictivo.

La relación con el perro puede funcionar como refugio frente a la hipertransparencia y la presión social digital. El apego canino no exige rendimiento ni exposición pública. Esto podría interpretarse como reacción a la lógica de autoexplotación contemporánea.

No obstante, también existe el riesgo de instrumentalizar al animal como soporte emocional en una sociedad que debilita los vínculos humanos.


Identificación de oportunidades y riesgos

Oportunidades

  • Ampliación del horizonte ético hacia los animales.

  • Superación parcial del antropocentrismo.

  • Integración interdisciplinaria entre ciencia y experiencia cotidiana.

  • Revalorización del cuidado y la empatía interespecie.

Riesgos

  • Antropomorfización excesiva del animal.

  • Reducción del vínculo a indicadores biológicos.

  • Mercantilización del afecto (industria de mascotas).

  • Sustitución de vínculos humanos por relaciones menos complejas.


Conclusión

El artículo representa una transformación cultural significativa: el perro deja de ser mero acompañante funcional para convertirse en sujeto de apego reconocido científicamente. Filosóficamente, esto implica una redefinición ontológica de la frontera humano-animal, una expansión ética de la responsabilidad y una reconfiguración discursiva del afecto.

Desde la creatividad vital (Bergson) hasta la responsabilidad ética (Jonas), pasando por la crítica del poder discursivo (Foucault) y la complejidad sistémica (Morin), el texto revela que el apego humano-perro no es un simple hecho anecdótico, sino un fenómeno cultural, biológico y filosófico de gran alcance.

El conocimiento científico aquí no solo describe una relación: la transforma en objeto moral, social y ontológico.