Introducción breve
El artículo, publicado el jueves 12 de febrero de 2026 en la sección de Economía, presenta testimonios directos sobre edadismo laboral (discriminación por edad) y los articula con datos de desempleo y evidencia empírica. El foco está en personas mayores de 45 años, con especial énfasis en el umbral simbólico de los 50. Se describen consecuencias económicas, como paro de larga duración y jubilación futura más precaria, y consecuencias psicológicas, como quiebre identitario, pérdida de autoestima e “invisibilidad” social.
Actores implicados: personas sénior desempleadas, departamentos de recursos humanos y empresas como agentes de selección, organizaciones sociales como Cruz Roja y, como telón de fondo, instituciones estadísticas y el mercado de trabajo como sistema.
Núcleo del contenido:
Testimonios de sufrimiento, con expresiones de ruptura vital y sensación de invisibilidad.
Resultados de un informe y encuesta de Cruz Roja, “El Edadismo y Yo”, con 886 participantes, donde se afirma que el 82% de mayores de 45 se sintió discriminado en procesos de selección.
Idea clave: el desempleo tardío se interpreta como una fractura en la identidad y puede derivar en autoedadismo, entendido como internalización de estereotipos.
Se señala la invisibilidad cultural del fenómeno, ya que muchas personas no conocían el término, y se cuestionan estereotipos comunes sobre rendimiento, aprendizaje y resistencia al cambio.
Se proponen medidas: currículums ciegos, eliminación de filtros de edad, mentoría inversa y formación continua, además de un giro conceptual desde “reinventarse” hacia “revalorizarse”.
Análisis filosófico por categorías
1) Creatividad y emergencia: Bergson y Whitehead
Bergson, con su noción de duración, ayuda a comprender que los testimonios expresan una verdad vivida que no se agota en métricas. La “invisibilidad” asociada al paso a cierta edad no describe solo un evento puntual, sino un cambio en el modo en que el tiempo biográfico es reconocido socialmente. La edad funciona como signo que reconfigura el lugar simbólico de la persona en el mundo del trabajo: no solo cambia la probabilidad de ser contratado, sino la percepción de valor y sentido.
Whitehead, desde una ontología del proceso, permite ver el mercado laboral como una dinámica que puede integrar o expulsar diferencias. El edadismo aparece como una mala síntesis: privilegia lo “nuevo” como promesa y desatiende lo ya constituido, como experiencia, fiabilidad y conocimiento tácito. El desplazamiento propuesto hacia “revalorizarse” sugiere reconstruir una armonía entre trayectoria y actualización, donde la experiencia no sea residuo sino potencial creativo.
Lectura emergente: el texto sugiere que la experiencia sénior puede ser fuente de innovación, no por “competir” en juventud, sino por transferencia de criterio, gestión de incertidumbre y habilidades relacionales, si se rediseñan los entornos de selección y aprendizaje.
2) Disrupción y poder: Deleuze y Foucault
Foucault resulta pertinente porque el término “edadismo” funciona como nombre que vuelve visible un régimen de prácticas previamente naturalizadas. Que muchas personas no conocieran el concepto muestra cómo el poder opera mediante normalización: si no hay vocabulario, la discriminación se experimenta como destino privado o mala suerte. Nombrar introduce una nueva distinción y modifica el marco de inteligibilidad del problema: ya no es un fallo individual, sino una forma estructural de exclusión.
Deleuze permite pensar el fenómeno como captura por categorías rígidas que funcionan como fronteras: 45 o 50 dejan de ser cifras y se convierten en umbrales de exclusión. Las medidas propuestas, como currículum ciego, eliminación de límites de edad o mentoría inversa, pueden leerse como intentos de fuga frente a la codificación “edad igual a menor valor”. Al priorizar testimonios, el texto interrumpe la narrativa dominante que reduce a la persona a empleabilidad cuantificada y abre un devenir alternativo, en el que lo sénior puede significar aprendizaje mutuo y no coste.
Punto crítico: si el discurso público se reduce a “reinventarse”, puede transformarse en tecnología de poder que desplaza la responsabilidad del sistema al individuo. El giro hacia “revalorizarse” intenta reducir esa coerción moral, aunque no elimina del todo la presión por narrarse como “vendible”.
3) Ética y responsabilidad: Hans Jonas
Desde Jonas, el núcleo ético es que el daño del edadismo no es inmediato, sino acumulativo. El paro de larga duración en edades avanzadas impacta en ingresos presentes, salud psicológica y futuro de jubilación. Esto exige una ética orientada al futuro: decisiones de contratación y políticas laborales deberían evaluarse por sus efectos a largo plazo en vidas concretas y en la cohesión social.
La responsabilidad aparece distribuida:
Empresas y selección: por sesgos, filtros explícitos o implícitos y criterios que usan la edad como atajo.
Cultura institucional: por invisibilizar el fenómeno y normalizarlo.
Sociedad civil: por diagnosticar, documentar y proponer correcciones culturales y prácticas.
4) Sistemas complejos: Luhmann y Morin
Luhmann permite ver el mercado laboral como sistema que se reproduce a través de comunicaciones y criterios estandarizados. El edadismo funciona como reducción de complejidad: ante incertidumbre, la edad se usa como indicador rápido de riesgo, coste o adaptabilidad. El periodismo y los informes sociales operan como “irritaciones” que pueden forzar ajustes, al introducir nuevas distinciones y cuestionar criterios normalizados.
Morin, desde el pensamiento complejo, hace visible que el fenómeno no es solo empleo. Implica demografía, cultura empresarial, salud mental, formación, estereotipos, políticas públicas y ciclos económicos. La noción de autoedadismo describe un bucle: el sistema excluye, la exclusión se interioriza, y esa interiorización refuerza la exclusión. Por eso, una respuesta efectiva requiere intervenciones simultáneas en varios niveles, no solo apoyo individual.
5) Tecnología, transparencia y autoexplotación: Byung-Chul Han
Aunque el texto no se centra en plataformas digitales, es compatible con la crítica de Han a la autoexplotación. La exigencia de adaptación permanente puede convertirse en mandato moral: si no te reinsertas, es por falta de esfuerzo. El autoedadismo encaja con una lógica de control interiorizado: el sujeto termina descartándose a sí mismo antes de ser descartado, transformando la exclusión externa en autolimitación.
La propuesta de “revalorizarse” funciona como corrección parcial: no exige una metamorfosis total, sino traducir la experiencia a un lenguaje reconocible. Sin embargo, si se gestiona mal, puede convertirse en otra obligación de rendimiento narrativo, donde la persona debe justificarse continuamente.
Oportunidades y riesgos
Oportunidades: aportes constructivos del texto
Visibilización ética del edadismo como fenómeno estructural, reduciendo la culpabilización individual.
Integración de dato y experiencia: cifras, experimentos y testimonios crean comprensión pública más completa.
Propuestas aplicables: currículum ciego, eliminación de filtros por edad, mentoría inversa, formación continua y el giro de “reinventarse” a “revalorizarse”, que suaviza el mandato de auto-optimización.
Riesgos: sesgos e implicaciones
Psicologización excesiva si la “fractura identitaria” se interpreta como problema principalmente personal y no sistémico.
Norma de empleabilidad infinita: la formación continua puede volverse obligación permanente si no cambian criterios de contratación.
Binarismo generacional: el conflicto puede simplificarse en “jóvenes versus mayores” y ocultar incentivos, prácticas y dispositivos concretos de exclusión.
Conclusión
El texto diagnostica el edadismo laboral como fenómeno estructural y normalizado, con daños materiales y simbólicos: exclusión económica, deterioro subjetivo e invisibilidad social. Filosóficamente, el acto de nombrar vuelve visible un régimen de discriminación antes naturalizado y desplaza el foco desde el individuo hacia las prácticas y criterios del sistema. Las propuestas funcionan como intentos de romper la codificación que identifica edad con menor valor, y exigen una ética de responsabilidad orientada al futuro por las consecuencias acumulativas del desempleo tardío. Desde la teoría de sistemas y el pensamiento complejo, el problema se entiende como red de bucles entre cultura, selección, subjetividad y políticas. Desde la crítica contemporánea, se advierte el riesgo de convertir la adaptación en autoexplotación, por lo que las respuestas deben equilibrar formación con cambios reales en criterios e instituciones.