Introducción
El texto hace balance de aproximadamente un año del segundo mandato del presidente Trump, desde que retomó la presidencia de EE.UU., y plantea la posibilidad de que su proyecto político sea exitoso, si bien reconoce que la realidad es muy maleable e imprevisible. A partir de allí, analiza pistas, intenciones y contextos que podrían definir su presidencia para los próximos años.
Análisis filosófico
Creatividad (Henri Bergson, Alfred North Whitehead)
El artículo describe la presidencia de Trump como una “realidad dúctil como la arcilla húmeda… solo hay que prender fuego a todas las convenciones, contrapesos y normas cívicas, y ponerse a moldearlas”.
Desde la perspectiva de Bergson o Whitehead, podríamos ver esto como un acto de creación política: la política ya no meramente responde a lo dado, sino que se convierte en “obra” que exige imaginación, riesgo, transformación de lo existente. Trump aparece como un agente que rechaza los límites establecidos –las normas civiles, los contrapesos– para rehacer el marco político.
Esto plantea la cuestión filosófica de la novedad: ¿cuándo la creación política destruye las formas anteriores para instaurar otras? Y si ese riesgo creativo es legítimo o peligrosa innovación.
Disrupción o poder (Gilles Deleuze, Michel Foucault)
El artículo sugiere que Trump no actúa dentro del marco normal de la presidencia, sino que busca romper ese marco (“prender fuego a todas las convenciones”). Esto es una forma de disrupción política que desafía los mecanismos de poder tradicionales.
Desde la óptica foucaultiana, podríamos preguntarnos: ¿cómo se ejercen nuevas formas de poder cuando se debilitan los contrapesos institucionales? ¿Qué tipo de saber‑poder se despliega cuando la presidencia se entiende como “moldear” la realidad en vez de gobernar dentro de normas?
Deleuze nos invitaría a considerar el devenir, el rizoma político: la presidencia de Trump podría entenderse como una máquina de guerra contra lo institucionalizado, un devenir‑maquina que busca transformar la política en acontecimiento.
Estas perspectivas subrayan una tensión: el poder que opera fuera de las normas puede acelerar cambios, pero también evade la rendición de cuentas.
Ética y responsabilidad (Hans Jonas)
Desde la ética, el texto abre una pregunta sustancial: si el presidente plantea una realidad maleable y actúa con gran libertad para remodelar el sistema político, ¿cuál es su responsabilidad hacia los efectos de dicho poder? Jonas, con su imperativo de la responsabilidad ante el futuro y la tecnología, nos invita a considerar que toda acción política que transforma radicalmente instituciones tiene repercusiones para generaciones futuras.
El artículo advierte que “un mar embravecido que nos impide ver el horizonte” es el escenario que deja Trump.
Esto exige un enfoque ético: ¿hasta qué punto la transformación que busca es legítima si genera inestabilidad, erosión de instituciones democráticas, o niveles crecientes de incertidumbre para la ciudadanía? La responsabilidad presidencial no es solo hoy, sino ante lo que vendrá.
Sistemas complejos (Niklas Luhmann, Edgar Morin)
El sistema político, mediático, social de EE.UU. es un sistema complejo, con múltiples interdependencias. El artículo da a entender que Trump opera con la idea de que “la realidad es dúctil” —sin embargo, los sistemas complejos no son tan maleables sin consecuencias imprevistas.
Morin nos recordaría que la complejidad implica no linealidad: pequeñas modificaciones pueden producir efectos amplificados. Luhmann señalaría que los sistemas autopoieticos (por ejemplo, el sistema político) tienen mecanismos propios de reproducción que pueden resistir la intención individual.
Por tanto, la estrategia de “romper contrapesos” puede generar crisis sistémicas, retroalimentaciones negativas, fragmentación institucional. El artículo sugiere precisamente esta incertidumbre: “lo que se puede escurrir hacia un lado o hacia el otro: hacia la gloria, hacia la catástrofe o hacia una posición intermedia”.
Tecnología, transparencia, autoexplotación (Byung‑Chul Han)
Aunque el artículo no entra de lleno en tecnología o autoexplotación, el tono del poder de Trump —moldear la realidad, ejercer control, forzar cambios rápidos— toca temas de la transparencia del poder y de la autoexplotación (del propio sistema político, del ciudadano). Han habla de sociedades de rendimiento, de explotación de uno mismo, de vigilancia difusa.
En este sentido, una presidencia que busca “acción”, “romper”, “moldear”, puede funcionar también como una exigencia de hiperactividad institucional, donde los actores deben adaptarse constantemente a cambios rápidos, sin descanso, generando autoexplotación política y social. Además, la transparencia se ve amenazada cuando los contrapesos son debilitados: el control informativo puede concentrarse, la rendición de cuentas puede perderse.
Identificación de oportunidades y riesgos
Oportunidades
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La presidencia de Trump como proyecto de transformación profunda puede generar innovación política, abrir debates sobre el papel del Estado, de las instituciones, de la soberanía que permanecían latentes.
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Puede estimular una revisión de los contrapesos, de los sistemas parlamentarios y de su vigencia cuando el poder se concentra.
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Si tiene éxito, podría redefinir el papel global de EE.UU., generar nuevas alianzas, y reformular relaciones internacionales de una manera diferente (aunque esta “oportunidad” queda implícita y depende del éxito).
Riesgos
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Alto riesgo de erosión institucional: al “prender fuego a todas las convenciones”, se debilitan garantías democráticas, freno de abusos, transparencia.
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Incremento de la incertidumbre en los sistemas complejos, con efectos negativos difíciles de prever: crisis institucionales, polarización, retrocesos en derechos.
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Responsabilidad ética que se evade: la capacidad de moldear la realidad política implica asumir consecuencias futuras; si no se hace, podría haber daños para generaciones.
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Reducción de la transparencia y aumento de la autoexplotación social: la obligación de adaptarse al ritmo de cambios puede agotar al sistema y a la ciudadanía.
Conclusión
El artículo de El Confidencial pinta una presidencia de Trump como un experimento político audaz: creativo, disruptivo, potente. Pero también como una empresa cargada de riesgos éticos, institucionales y sistémicos. Desde la filosofía, vemos que la creatividad política tiene valor, pero no puede desprenderse de la responsabilidad; que el poder que rompe convención debe también estar sometido al escrutinio; que los sistemas complejos reaccionan, no solo se moldean; y que la transparencia y la rendición de cuentas no pueden ser sacrificadas en nombre del “forjar una nueva América”.
En un nivel general, el lector no experto puede entender que lo que está en juego es: ¿cuánto puede permitirse un gobierno concentrar poder, cambiar las reglas, redefinir el marco político antes de que la misma democracia pierda su fundamento?
En un nivel más experto, el análisis invita a pensar en la temporalidad (generaciones futuras), en la estructura sistémica de la democracia, y en el tipo de poder que se ejerce cuando lo institucional ya no es la norma.
En resumen: la presidencia de Trump abre oportunidades de transformación, pero exige vigilancia filosófica, ética y política para que no devenga en erosión de los fundamentos democráticos.